Aunque ustedes no lo crean, el alcalde de Ponferrada, don Carlos López Riesco, no está dolido con IU, ya que estar dolido implica piel humana y corazón, si el corazón es realmente la víscera del sentimiento. El señor alcalde no está indignado, porque las indignaciones hay que seleccionarlas y lanzarlas contra sujetos de equivalente entidad a la propia. No puede malgastar el señor Riesco indignación contra esos izquierdistas, convertidos en factor de presión sobre las verdades establecidas, que él llama ‘el no permanente’, que son las gentes de Izquierda Unida, porque no están a la altura de su condición de estadista, que se tutea y come botillos y castañas con otros estadistas de su peso y condición. Simplemente, don Carlos está enfadado, y trata de ponerlos fuera de su vista, porque al pedir éstos que se cumplan las leyes medioambientales vigentes, cuando desarrolle su nuevo plan para la futura estación de esquí del Morredero, le han fastidiado su nuevo numerito mediático de defensor del desarrollo sostenible, programado curiosamente para el próximo once de diciembre, Día Internacional de la Montaña –en defensa de los ecosistemas montañosos amenazados de todo el mundo–, y todo como consecuencia de que alguno de sus inculcadores mediáticos de necesidades teledirigidas, le preguntó a su concejala de Turismo y Cultura sobre la cuestión y ésta, inocentemente y sin querer, ha descubierto la tostada, la mermelada, la mantequilla y la Covatilla.
Pero don Carlos ya tiene demostrado que las leyes le importan un comino –al fin y al cabo ya tiene unas cuantas sentencias en su contra en materia de urbanismo–, sigue a lo suyo y les espera comiendo un huevo y un caramelo, ya que está convencido de que su fuerza es la debilidad de sus antagonistas.