Crisis, crisis, crisis –expedientes de regulación de empleo–, acumulación de producción huérfana de demanda, miedo, miedo, incertidumbre y desconfianza. Este es el panorama con el que uno se desayuna, almuerza y cena cada día a través de la prensa escrita, la televisión, o la radio. Por si ello fuese poco, desde los púlpitos domingueros de la política, unos tratan de vender esperanza, mientras que otros nos anuncian las siete plagas de Egipto.
Medidas, medidas y más medidas. Los que gobiernan parecen sastres agotados tomando medidas sin parar para trajes que a casi nadie les quedan cómodos. Los otros, los de la oposición, socavanpor lo bajo y sacuden por arriba, ya se sabe que a río revuelto... Ellos son así. La política de Estado al parecer es cosa del Gobierno y no de todos, lo de la oposición es otra historia, procurar que el Gobierno se quede tuerto aunque para ello nos quedemos todos ciegos. ¿Que España se hunde? La culpa del Gobierno. ¿Que la cosa se arregla? Será porque ellos han arrimado el hombro y el Gobierno les ha hecho caso.
Aquí, como penitentes, como sufridores, los de siempre. Los que nos preguntamos a diario ¿Qué hemos hecho para merecer esto? Será que don Miguel de Unamuno estaba en lo cierto cuando disertabasobre aquello de ‘La España sin remedio’.
Más nos vale que empecemos a caminar todos juntos y en la misma dirección, pues de no ser así, me temo que pronto será demasiado tarde.