La detención de 18 personas de nacionalidad rumana –cinco mujeres y 13 hombres–, en una operación conjunta de la Guardia Civil y la Policía Nacional, por más de una veintena de robos en las provincias de León y Palencia, debe servir para tranquilizar a buena parte del medio rural del sur leonés, que durante los últimos meses ha vivido una auténtica psicosis por una escalada de hurtos que parecía no tener fin. Según el delegado del Gobierno, entre las localidades afectadas están Sahagún, Villamañán, Grajal de Campos o Villalobar. Además de felicitar a los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado, la detención de esta banda echa por tierra la teoría de que la ola de robos en el sur de León durante los últimos meses se deba sólo a la escasez de medios, como apuntaban algunos vecinos. La investigación deja claro que estos presuntos delincuentes planificaban cada hurto y actuaban en pequeños grupos, y que después el material robado se trasladaba en furgonetas hasta sus domicilios de la capital leonesa. Su detención, por otra parte, despeja también la sombra de duda que se estaba creando sobre muchos inmigrantes de esta zona. Es una banda de rumanos, como podía haber sido de españoles o de cualquier otra nacionalidad, y no por ello se debe prejuzgar a un colectivo que tiene una importante presencia en la provincia de León. Son 18 personas, en este caso rumanas, nada más. La operación policial debe contribuir, además, a que se restablezca la seguridad y la confianza en los medios policiales del Estado, porque ya en algunas localidades, como Castrofuerte, se había llegado a barajar la posibilidad de instalar cámaras de seguridad privadas para combatir la delincuencia. Más pronto que tarde, la banda ha caído.