El frío está aquí, una vez más no se lo comió el lobo. El ambiente gélido está afectando a la economía regional y también a la provincial. La economía se enfría y provoca el pánico entre todos: no sabemos cuándo puede terminar la crisis y qué consecuencias tendrá. El PIB regional ha caído por primera vez en quince años. Los índices económicos desde 1991 tienen una evolución negativa en Castilla y León. La situación es cuanto menos preocupante, cuando no alarmante. En el tercer trimestre el PIB decreció un 0,1% respecto a los tres meses anteriores. León tampoco se salva del deterioro general que sufre la economía de la Comunidad.
Las causas son conocidas. La profunda crisis que está sufriendo el sector de la construcción unida al descenso de la actividad industrial que ya acumulan dos trimestres con una variación interanual negativa. Sin embargo, la debacle no es general porque la agricultura y la ganadería crecieron en el mismo período un 3,7% y el sector servicios un 2,5%. Este ascenso se debe, en el sector primario, a un incremento de la cosecha en los principales cultivos y, también, a una mejora de la producción cárnica y de la industria láctea.
Industria y construcción dan la nota más negativa con caídas del 3,3% en los sectores manufactureros y energéticos. La escasez en la contratación de obra pública, el frenazo en la edificación y en la venta de viviendas se deja notar en la construcción, provocando en ambos sectores caídas importantes en la inversión.
Como conclusión, ¿qué se puede hacer tras el diagnóstico no demasiado alentador? Porque todos los días asistimos al triste y descorazonador espectáculo de ver cómo importantes y emblemáticas empresas leonesas que se acogen al concurso de acreedores o cierra para siempre.
El panorama no anima a ser optimista pero hay que serlo porque “siempre que diluvia escampa” y sin optimismo tardaremos mucho más en salir de la crisis. ¿Cómo podemos mejorar la situación que es tan negra, tan complicada? Pues considerar en qué sectores de la economía regional y local somos imbatibles, somos altamente competitivos y capaces de generar valor, empleo y riqueza para todos. Y una vez identificados potenciarlos, mimarlos y tratar de poner en marcha la locomotora de la recuperación económica con optimismo y con sentido común, con mucho esfuerzo y audacia, porque estos tiempos son no aptos para timoratos, sino para osados y arriesgados.