En torno a la adivinación hay un gran misterio, una creencia y, en algunos casos, un negocio que se aprovecha de los incautos.
Cartas de una de las barajas del tarot con las que trabaja Agustina. M. MARCOS
I. Herrera León
El vidente nace, el cartomántico se hace”, asegura Agustina, vidente y parapsicóloga–. Muestra todos sus respetos a quienes se ganan la vida con las artes adivinatorias, pero advierte que no todos son trigo limpio, “una vidente no tiene que preguntar nada, muchas lo que hacen es hacerte hablar; no, la vidente tiene que saberlo”. Se refiere Agustina a los numerosos charlatanes que pululan en este ‘sector’. Gente ávida de ganar dinero con incautos aplicando la máxima ‘homo vult decipi; decipiatur’, es decir, ‘el hombre desea ser engañado, engáñalo’.
Agustina nació vidente, “como todos –dice– pero igual que hay niños prodigio de las matemáticas, también los hay de las ciencias ocultas”. A ella se le desarrolló ese “punto” y “encima me cultivé”.
Explica que se inició en el mundo del curandismo con cuatro años con la hermana de su padre: “Yo iba a apañar hierbas para curar a los animales, a las personas... Soy de un pueblo que está a ocho kilómetros de La Bañeza y hoy día no son nada, pero entonces el transporte era un carro y un colchón, entonces mientras cogían el carro y el colchón para llevar a un sitio al enfermo, ya estaba muerto. Así, a la orilla de mi tía fui aprendiendo qué plantas eran buenas para permitir que esa persona pudiera llegar al médico”.
Esos fueron los orígenes. Conocer plantas. Agustina dice que ella fue a la escuela como cualquier niño, “me eduqué con monjas y esa es mi creencia religiosa, estudié alquimia sobre el Corán en África (donde estuve 14 años), porque los grandes alquimistas del mundo son los árabes, y lo que aprendí con el Corán lo aplico a mi Biblia que es la que me da la fuerza”.
Agustina trabaja con el tarot, en su casa pueden encontrarse más de 40 barajas, “pero al final todo es lo mismo, porque lo único que importa es la numeración”. Es más, no le hacen falta las cartas, si las usa lo hace porque le facilitan la clave numérica que luego ella busca con su mente. “Yo trabajo por el signo astral, el campo magnético que todos tenemos, y luego la numeración”.
Su labor es muy conocida, no sólo por haber trabajado cuatro años en la televisión local como vidente y otros seis en la radio, sino porque mucha gente de León ha pasado por sus manos. A su casa han acudido destacadas personalidades “y no sólo de León”, apostilla.
Por circunstancias familiares hace unos años que dejó los medios de comunicación y ahora atiende en casa, siempre previa cita. Asegura que la salud es lo que más preocupa a sus clientes y, acerca de un perfil: “Es imposible, viene mucha gente joven, chicos y chicas, y gente más mayor, quizá cuanto más mayores menos frecuentes son los hombres, pero hay de todo”.
Por lo visto, y al menos hasta ahora, Agustina no ha acusado la crisis que, en su caso, podría reportarle más trabajo.
La gente regresa una y otra vez a ella porque “saben que no les engaño”. No parece importarle la confianza que el cliente tenga en estas artes, “yo tengo que demostrar mi valía, no les dejo ni hablar, ni cómo se llaman ni que me cuenten ninguna historia. Ahora, eso sí, al final de mi trabajo hay gente a la que le viene bien psicológicamente desahogarse, pero es porque ven que yo ya lo sé. En realidad trabajas tanto la videncia como la psicología”.
Agustina asegura que su trabajo es muy complicado porque “para ayudar a la gente hay que tener mucha conciencia, no mentir y ponerte en el lugar de la persona que viene, si no tienes eso en cuenta no vales nada, si lo único que se busca es el dinero, mejor que no estén en esto, se puede hacer mucho daño; los que trabajamos con honradez nunca somos ricos”.
En los últimos tiempos proliferan los maestros chamanes africanos. El Maestro Dani desarrolla su actividad de vidente, curandero, sanador, medium (y puntos suspensivos según su carta de presentación) en un cuarto de escasos metros cuadrados, apenas cuatro. Un espacio iluminado por una vela e impregnado de olor a incienso.
También él trabaja con el tarot y, al igual que Agustina, también indica al cliente, sin compromiso ninguno, si va a poder ayudarle o no. “Sinceridad”, dice.
Explica el maestro chamán que por su consulta pasa mucha gente, “y vuelven”. Sus dotes adivinatorias vienen de familia, su padre también era maestro en Mali, país de origen del Maestro Dani. Lleva en España tan sólo seis meses y el idioma no lo tiene todavía muy dominado. ¿Podría suponer eso un problema para entender a sus clientes o para la adivinación no hay idiomas que valgan más allá que el de las cartas?
Creer o no creer en este don de la adivinación es cuestión de fe, de voluntad o de deseo. Cada quién escoge su postura, pero la evidencia refleja que muchas son las personas que se ponen en manos de videntes, medium, maestros chamanes, llámese ‘x’, para abrir una ventana al futuro.
La pena, ninguno de los entrevistados se ha prestado a emplear sus capacidades adivinatorias para predecir el número del sorteo de la Lotería de Navidad. Lástima.