Las ferias de los pueblos quedan como única salida para la docena de productores de Villares de Órbigo
Ferias como la de Santa Marina del Rey (en la imagen) son hoy por hoy la única salida de los ajos de calidad que se producen en los pueblos de León. m. marcos
David Rubio León
La globalización llega también al cultivo que más repite. El ajo leonés, famoso durante décadas por su calidad, ve poco a poco cómo se va estrechando el círculo de su mercado. Las nuevas rutas del comercio y las también nuevas costumbres de los consumidores están abren muchas puertas a los grandes productores y se las cierran a los cultivadores de toda la vida, aquellos que han heredado la tradición de cultivar el llamadoallium sativum.
Prácticamente todos los cultivadores de ajo de León que trabajan a gran escala se encuentran en la localidad de Villares de Órbigo. “Aquí antes era todo el pueblo el que se dedicaba al ajo, yo diría que igual 150 ó 160 vecinos”, afirma Ángel Matilla Rodríguez, uno de los más veteranos cultivadores, que empezó con 14 años llevando los ajos de Villares por las ferias de Astorga, La Bañeza o Benavides y que ha visto cómo poco a poco han ido decayendo las ventas y el número de personas que se dedican al ajo. “Ahora, lo siguen cultivando 10 ó 12 personas. Cada uno de ellos siembra más de lo antes sembraba una familia, pero en conjunto sigue siendo menos de lo que se cultivaba”.
Al contrario de lo que hacen algunos sindicatos agrarios y otros cultivadores, Ángel no le echa la culpa, o al menos toda la culpa, de la actual situación a los chinos. Según él, no se trata únicamente de una cuestión de mercado: “Antes la gente compraba para todo el año, y ahora es casi imposible vender una ristra. Compran para el día y punto. Yo llegué a vender 72 cabezas a 6 pesetas y ahora cuestan aproximadamente 18 euros”.
A ese cambio de costumbres también atribuye la situación del ajo leonés uno de los mayores productores, Pedro Vega Matilla: “No vendemos ni en los mercados. Ahora en una familia trabajan el padre y la madre. ¿Quién va a comprar?”.
Acaba de terminar la época de la siembra de este bulbo y el balance es demoledor: en Villaresde Órbigo se cultiva una décima parte que hace quince años. “Tengo chavales y para ellos no quiero este oficio. Es muy jodido. Cuando llega la hora de sacar los ajos, no puedes llamar a nadie que no sepa lo duro que es esto. Son tres días seguidos sin parar, y eso que en julio compré una máquina. Y, luego, a pasar frío por los mercados de La Bañeza, de Santa María del Páramo, de Astorga...”.
Lo cierto es que esos mercadosy las ferias que desde hace años se celebran durante el verano en Santa Marina del Rey o en San Miguel de la Dueñas son, hoy por hoy, la única salida que encuentran los cultivadores de Villares de Órbigo y de Fresno de la Vega. Los ajos de estos pueblos nunca llegaron a entrar en las grandes superficies, pero sí en muchos comercios y supermercados donde ahora, por una simple cuestión de precio, prefieren comprar el producto que llega de China y que, obviamente, es el mismo que se vende en toda España.
El duro trabajo de los agricultores leoneses que se dedican al ajo de calidad no tendría valor en el mercado, pero lo cierto y lo triste es que hoy todo tiene necesariamente precio y que una ristra cuesta cerca de 10 euros y en los supermercados los consumidores lo pueden encontrar a 6 euros el kilo.