Los dramas suman millones, cada persona que pierde su empleo no sólo pierde una parte sustancial de sus ingresos, pierde la esperanza, pierde la ilusión, pierde el firme del suelo que pisa.
Desgraciadamente las cifras del paro se presentan angustiosas, afianzan todavía más la incertidumbre y generan en cada persona un drama individual terrible, que de no ponerle freno terminara en un estallido social. La cuestión es adivinar dónde está el límite. El Gobierno de España se esfuerza constantemente con múltiples medidas de choque, trata de hacer frente a esta complicadísima situación inyectando liquidez en los distintos sectores financieros y productivos, intenta generar tranquilidad, confianza y dinamismo, pero, las medidas puestas en práctica hasta la fecha, no parece que consigan mitigar las necesidades más acuciantes.
La crisis nos despierta cada mañana de forma violenta, y cuando aparece algún dato positivo como: bajada del petróleo, del precio del dinero, del euribor, de la inflación, de inmediato saltan otros que lo hacen insignificante.
Ante esta excepcional situación, sólo caben medidas excepcionales, quizá sería conveniente aparcar las cuitas políticas para mejor ocasión, y alcanzar un gran pacto de Estado, que aglutine a todos los que conforman el Estado para volcarse en un único objetivo, que no debería ser otro que trabajar conjuntamente hacía un único fin: devolver la esperanza a la ciudadanía.