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DEPRESIONES / Germán Valcárcel

La cosecha del pragmatismo

La nueva derecha populista española, la autodefinida “sin complejos”, surgida en los años que el PP, con Aznar al frente, detentó el poder central y, jaleada por el conglomerado mediático (Cope, el Mundo, Libertad Digital, Intereconomía, etc.), nacido y potenciado en esos años de plomo, ha ocupado el vacío de lo político dejado por la izquierda oficial, con un discurso simplista, pero tremendamente efectivo.
Una izquierda que, prácticamente desde el principio de la transición, decidió que habían llegado los tiempos de la mera administración, que se volvió retórica, cínica, autista, hipócrita, elitista o, en el mejor de los casos, simplemente gestora y con “talante”, y en el peor, como en nuestro entorno más cercano, cómplice.
A esa izquierda, instalada en un punto de no retorno crítico, sólo le queda, como consecuencia del abandono de la Política con mayúsculas, “la política como espectáculo” en la que el actual PSOE es especialista: la superchería y debilidad política e intelectual con que está actuando en todo lo relacionado con la llamada Memoria Histórica lo ilustra y, de paso, permite a esta nueva derecha y a su base social manipular con mucha eficacia los excesos del franquismo, convirtiendo a las víctimas en verdugos, a los verdugos en víctimas, a Esperanza Aguirre en antifranquista y a Pío Moa en historiador. Una izquierda que, con una peligrosa falta de lucidez, despacha los excesos, de momento sólo verbales, de esta nueva derecha con las típicas etiquetas de fachas o retrógrados, creyendo que con esas respuestas explican la situación, e intentando, así, librase de analizar los motivos por los cuales amplias capas populares conectan, entusiasta y activamente, con esta nueva derecha, aún a costa de estar cavando su propia tumba.

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