UNA IMAGEN Y 230 PALABRAS

Cacha y brazo que |
La edad, el frío, los hijos paridos, los trabajos y el reuma han doblado su frágil espinazo hasta dejar su cabeza a la altura del brazo de su marido. La historia ya ha dado vuelta a la esquina y ha intercambiado los papeles. Fue ella, la vitalista y sensata mujer, la que una y mil veces escuchó sus lamentos, supo de sus problemas, conoció sus afanes, atendió a los hijos de ambos, amansó con sensatez la cólera, saludó los amaneceres ordenando la casa y encontró soluciones a las tormentas de cada día. Hoy, es él quien camina erguido con un bastón y hace a su vez de bastón para ella con el otro brazo. Siguen juntos, andan despacio, no necesitan decirse lo que ya han hablado tantas veces, lo que les desveló tantas noches, lo que les unió tantos días. Ya son jornadas de paz y paseo, de silencio y camino, de brazos que son bastón. Es el paseo suyo de cada tarde. Las conversaciones con los mismos amigos en los mismos lugares, el café corto de café que ya sabe cómo quieren su camarero de siempre, la conversación sobre el hombre del tiempo y la crónica de un temporal anunciado. Y, de vez en cuando, los recuerdos. Entonces les brillan los ojos, cuando rememoran aquella vida a la que doblegaron sin necesidad de ningún bastón. El bastón eran ellos. |
![]() Mauricio Peña |
![]() Fulgencio Fernández |
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