Jon y Silvia vivieron en primera persona la crisis política que convulsiona Bangkok estos días
Jon y Silvia, leoneses de adopción, en la ciudad de Ayutthaya durante sus vacaciones en Tailandia antes de que estallara la crisis política en el país.
I. Herrera León
Miedo? No. Allí las calles estaban muy tranquilas, era más lo que se veía por la televisión, lo que decían en las noticias...”. Estos son los testimonios de Jon y Silvia, leoneses de adopción, que el lunes llegaron, al fin, a León de un viaje difícil de olvidar, tanto por lo que disfrutaron en las inmensas playas, la exuberante naturaleza y la belleza del país tailandés como por la sorpresa que se encontraron al llegar a Bangkok, desde donde debía haber salido su avión de regreso a España.
El día que los manifestantes del partido de la oposición tailandesa tomaron el aeropuerto y protagonizaron las primeras revueltas, el miércoles 26 de noviembre, Silvia y Jon disfrutaban del sur del país, de sus aguas cristalinas y de las compras. Ese día tenían que coger un avión que les llevara hasta la capital tailandesa para, el viernes, despegar rumbo a casa, pero un mensaje les alertó de que el vuelo había sido cancelado: “No sabíamos por qué, habíamos visto algo, oído algo, pero no imaginábamos que era para tanto. Así que nos fuimos a Phuket al hotel y en lugar de irnos a Bangkok ese día lo cambiamos para el día siguiente porque decían que el cierre del aeropuerto era para pocas horas”. Pero tampoco al día siguiente pudieron coger el vuelo. Eso sí, no podían esperar más porque al día siguiente tenían el billete para Madrid, se habían acabado las tres semanas de increíbles vacaciones, así que tenían que tomar una decisión: “Cogimos un autobús para ir a Bangkok. Fueron 14 horas de viaje, pero esto fue lo de menos...”.
Su plan inicial era apurar los tres últimos días de vacaciones en la capital tailandesa para aprovechar a hacer compras, así que el hotel aquí lo tenían reservado y, aunque habían perdido una noche “fueron muy amables con nosotros y nos dieron una noche más a cambio de la que no usamos”. Una noche más, la del viernes, por tanto el avión de vuelta a casa no saldría.
Esa noche, la del jueves, “fue la única que pasamos algo de miedo. Cuando llegamos a Bangkok empezamos a preocuparnos porque el aeropuerto seguía cerrado y teníamos el vuelo para el día siguiente. Ahí es cuando comenzamos a mirar internet para ver qué estaba pasando. Nos fuimos a la zona donde están los turistas y los mochileros y había mucha gente como nosotros. Teníamos la idea de que se iba a solucionar, pero claro, la gente empezó a contar que era un golpe de estado de verdad, que el aeropuerto podía estar cerrado un mes, la gente había cambiado sus vuelos... Así que llamamos a la embajada española donde nos dijeron que estuviéramos tranquilos, que esa noche iba a ser álgida, pero que al día siguiente todo estaría en calma”. Y desde luego, la noche álgida fue, fue el único momento en el que Jon y Silvia pudieron comprobar en sus propias carnes que verdaderamente había conflicto: “Cuando estábamos en el hotel escuchamos explosiones y disparos”. Hasta entonces no habían tenido mayor contacto con lo que estaba pasando más que por las noticias: “Sí, la televisión decía que el golpe de estado era inminente, el aeropuerto estaba cerrado, pero en la calle la gente estaba paseando. Pero esa noche sí, yo le decía a Silvia que seguro que serían fuegos artificiales, –cuenta Jon riéndose– y fue al día siguiente cuando en internet pude comprobar que habían sido dos granadas contra la televisión local”.
Era viernes, día de regreso, pero el aeropuerto continuaba cerrado. Habían fallado aquí las previsiones de la embajada. Fue un día de consultas, de llamadas, de búsqueda de alternativas. Si querían salir desde Bangkok tendrían que esperar una semana “y eso contando con que se hubiese restablecido el funcionamiento en el aeropuerto”. Así que decidieron buscar otra solución. Había un vuelo que salía desde Hong Kong la madrugada del lunes “o eso o nada”. Y aquí dio comienzo los tres días de aventura por el sudeste asiático.
“Nos cambiaron el billete por el que salía de Hong Kong la madrugada del lunes así que había que llegar hasta allí”. Empieza el largo viaje y empiezan también los timos. “Como había tanta gente que quería salir de Tailandia ponían los precios que querían y pagamos por un billete de autobús hasta Kuala Lumpur –en teoría– el doble de su precio habitual. Aseguraban que es que era un autobús VIP, pero era una tartana. Nos dijeron que nos cambiarían y sí, habíamos salido a las siete de la tarde de Bangkok (aunque la hora prevista en realidad eran las cinco) y a las cuatro de la madrugada nos despertaron para cambiarnos de autobús. Nos dejaron en la frontera. Allí nos dijeron que teníamos que pagar 500 bahts, que son unos diez euros, porque sí, porque como éramos muchos turistas, que había que pagar. ¿y qué haces? Pagas, lo que quieres es llegar a casa y punto”. Pasaron las frontera en una furgoneta y les dejaron a la entrada de Malasia. Todavía tenían que llegar a Kuala Lumpur (la capital malaya) y llevaban 24 horas de viaje. Era sábado por la tarde y el avión de Jon y Silvia para Hong Kong salía de Kuala Lumpur el domingo por la tarde.
Ellos había pagado en Bangkok el viaje hasta la capital malaya, pero las cosas se estaban complicando pues allí, en la frontera del país, les dijeron que el autobús que les llevaría hasta Kuala Lumpur no llegaba hasta las once de la noche y “aquí ya nos empezamos a desesperar”. Entonces, les dieron la opción de coger un autobús con una serie limitada de plazas que salía de inmediato “eso sí, pagando otros 35 euros, pero no podíamos esperar así que lo cogimos y llegamos a Kuala Lumpur a las once de la noche”.
Ya estaban en la capital de Malasia. Agotados, sin la moneda del país y sin saber dónde pasar la noche. “Al final encontramos un sitio para dormir e incluso aprovechamos el viaje porque al día siguiente, antes de ir al aeropuerto nos dio tiempo a hacer algo de turismo, fuimos a ver las Torres Petronas”. Jon y Silvia, incombustibles, estaban en el aeropuerto a la hora precisa, pero el avión no cumplió con tanto rigor pues hubo una avería y el vuelo se retrasó más de tres horas. Aun así, llegaron a Hong Kong con una hora y media de margen antes de que saliera el avión que, con escala en Doha (Qatar), les llevaría hasta España. También aquí tuvieron que soportar una tasa del gobierno chino por estar en Hong Kong y no faltaron los problemas con el billete “porque claro, habíamos arreglado los cambios con la compañía pero el billete ponía que teníamos que salir de Bangkok. Se solventaron los problemas, 16 horas de vuelo, tres más de autobús y el lunes (ya la madrugada del martes) a las dos de la mañana llegaron a León. Al fin en casa, una ducha y a dormir.
A pesar de este infierno de viaje de regreso Jon y Silvia han vuelto encantados, cuentan maravillas de Tailandia y aseguran que, salvo la noche del jueves, han vivido ajenos a los sucesos salvo por lo que les llegó a través de los medios de comunicación. “Llamamos a nuestras casas para decirles que no se preocuparan por lo que escucharan en las noticias, nosotros estábamos tranquilos, de compras y disfrutando de las vacaciones”. Eso sí, Silvia asegura que en Tailandia había más turistas españoles que los que se dijeron.