Sede del Obispado de León en la plaza de Regla.
L. C. León
No bajan las aguas tranquilas entre los exorcistas españoles. Según el Vaticano, cada diócesis puede disponer de un sanador contra el demonio, pero son pocos los sacerdotes que se encargan de una actividad tan antigua como la Iglesia. No bajan las aguas tranquilas a tenor de lo que ha ocurrido con el padre Fortea, el exorcista más famoso de España. El obispo de Alcalá de Henares acaba de ‘invitarle’ a hacer un curso bien en Estados Unidos, bien en Roma. “Ya no ejerce, ahora soy yo el exorcista de la diócesis”, comenta otro cura de la parroquia de Nuestra Señora de Zulema, en Villalbilla, un pueblo cercano a la ciudad universitaria madrileña. La decisión contra el padre Fortea ha sido consecuencia de su actividad mediática en varios programas de televisión. Pero la gota que ha colmado el vaso ha sido su último libro, Summa Daemoniaca, un tratado completo de demonología.
¿Hay casos de exorcismo en León? “Aunque conociera algún caso, no podría darle detalles. Que Dios le bendiga”, contesta Fortea a través del correo electrónico de su web www.fortea.ws. ¿Hay casos en León? Es la misma pregunta para el nuevo exorcista de la diócesis de Alcalá de Henares, que prefiere mantener su nombre en el anonimato. “En León, no, pero en la diócesis de Astorga, sí. Ya le hemos dicho al señor obispo que tiene que nombrar un exorcista”.
El Obispado de Astorga se extiende por las provincias de León, Zamora y Orense, un territorio con más de 282.030 habitantesy 1.123 núcleos de población.
Aunque Fortea no quiera hablar más claro, recientemente declaró en la presentación de su libro: “Galicia es la comunidad autónoma que más casos registra España. La magia está muy extendida en esta región. En cambio, en las dos Castillas y Valencia son las que menos casos protagonizan ya que son tierras más cristianas, con mayor práctica religiosa y, por tanto, con menos problemas en este campo”.
En el Obispado de Astorga prefieren guardar silencio y no entrar en polémicas. “Si hay algo ya le llamaremos”, contestan. En la diócesis de León, en cambio, aceptan hablar sobre el tema. El vicario general, Antonio Trobajo, recuerda que los exorcistas son una figura contemplada por la Iglesia, pero acto seguido afirma: “Desde luego no tengo constancia de ningún caso en León en los años que llevo de sacerdote”.
El rito del exorcismo necesita de la utilización de agua bendita, oraciones y reliquias. La duración del proceso depende absolutamente de cada caso individual puesto que puede durar horas, días o sólo un par de sesiones.
Después de unos cuatro siglos de existencia, el denominado ‘Rito Romano’ sufrió en 1999 una modificación que introdujo, sobre todo, una mayor libertad del sacerdote exorcista a la hora de realizar sus prácticas. De esta forma las oraciones se pueden emplear ahora con una mayor flexibilidad además de que el lenguaje empleado ha variado su estilo adaptándose a los nuevos tiempos.
Este nuevo rito se elaboró después de muchos estudios, revisiones, y consultas a las diferentes Conferencias Episcopales y un profundo análisis realizado por la asamblea ordinaria de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, encargada de estas prácticas dentro de la Iglesia Católica. Además de las distintas oraciones son imprescindibles en el rito una cruz de Cristo y una serie de posiciones que debe adoptar el sacerdote a la hora de realizar la ceremonia como, por ejemplo, la imposición de manos sobre la cabeza del poseído.
Son muchas las señales a través de las cuales el exorcista puede distinguir a una persona que ha sido poseída y, por tanto, saber que ha llegado el momento en el que es necesario celebrar el rito. Existen diferentes tipos de posesión que se traducen en los diferentes síntomas que presentan las víctimas y que afectan principalmente al comportamiento y actitud de los mismos. Algunas de las más conocidas son, por ejemplo, reaccionar violentamente ante una oración o un crucifijo, adquirir la capacidad de hablar y entender lenguas desconocidas o mostrar capacidades físicas o mentales no acordes con la edad o condición de la persona.
En cuanto a las causas de la posesión pueden ser también muy diversas entre las que los exorcistas destacan el pacto con el diablo, asistir a sesiones espiritistas o a cultos satánicos, un maleficio o la simple voluntad del demonio de poseer a una persona. Se barajan también otras posibilidades más teológicas como la acumulación de una persona de pecados graves que, según los expertos, puede acabar con la intervención del demonio.