Los leoneses aplastan al Alicante en el mejor encuentro de la temporada
Eulis Báez fue ayer uno de los pilares en los que se asentó la victoria. MAURICIO PEÑA
Jesús Coca León
Es casi imposible que el partido soñado por un equipo se haga realidad. Pero a veces pasa, sino que se lo pregunten a Baloncesto León. Y es que, ni escribiendo Joaquín el guión de antemano hubiera imaginado un desenlace mejor. Con un partido sublime, espectacular, grandioso, el mejor no sólo de toda la temporada, sino de los dos últimos años, León aplastó al ‘todopoderoso’ Alicantepor 71-62. Ni siquiera tuvo que recurrir a un final igualado, porque en el tercer cuarto ya había matado al hasta ayer líder. Y es que León destapó el tarro de las esencias y regaló diez minutos mágicos, los cinco últimos del primer y del tercer curto, en los que ‘bailó’ al líder y puso tierra de por medio.
Unos Báez y Bradshaw erigidos en dueños debajo de tableros, dominando el rebote y además jugando muy bien entre ellos para conseguir anotar fluidamente en ataque; un Gilbert en estado de gracia que ayer veía el aro como si fuera una piscina; y un Bernabé controlando el tempo del partido y dirigiendo de manera magistral la orquesta leonesa. Esos mimbres, unido a que todos los ‘hombres de De Grado’ sin excepción eran auténticos gladiadores en defensa: tapando las líneas de pase, punteando todos los tiros y robando balones que permitían canastas fáciles a la contra formaban una receta perfecta para que León se cocinara a Alicante hasta lograr una victoria ‘rica, rica’ y ‘con mucho fundamento’.
Ya al descansoLeón se fue diez arriba. Un colchón importante, pero ni mucho menos definitivo si es un equipo de la calidad de Alicante quien está enfrente.
Quedaba mucha tela por cortar, y se demostró nada más comenzar la segunda parte. Alicante subió un pistón la intensidad defensiva, mejoró sus porcentajes ofensivos, y el partido entró en un precioso intercambio de canastas gracias a que León seguía acertado. Sin embargo, mediado el tercer cuarto, hubo una jugada clave que acabaría sentenciando el encuentro. Con 7 arriba León, Báez puso un tapón descomunal a Andriuskevicius, que despertó a León y desquició a Alicante, que pedía falta. En esos momentos de zozobra, con técnica a Quintana incluida, Gilbert anotó siete puntos seguidos, León se marchó de 14 (56-42) y Alicante se fue del partido. Era el momento de sentenciar y el equipo leonés lo hizo. La defensa volvió a rozar por momentos la perfección. La tela de araña de De Grado había atrapado a Alicante, que sólo anotaba cuatro puntos en esos últimos cinco minutos y se iba 67-52 al final del tercer cuarto.
El partido estaba muerto. León no bajo los brazos en el último cuarto y el partido ya nunca peligro. El trabajo estaba hecho. El líder mordía el polvo en León. La victoria, cuarta consecutiva, estaba en el bolsillo. Jugando así León no debe temer a nadie. Es más, que pase el siguiente.