En los silbidos que más que probablemente tres o cuatro gañanes dedicarán esta tarde a Juanín García Lorenzana y a Manolo Cadenas se puede encontrar toda una metáfora del carácter leonés. En el Palacio de los Deportes, donde hoy el Ademar se enfrenta al Barça, se aplaude por lo general a todo jugador que regresa después de haber estado en el equipo marista, sea extranjero, español o mercenario, como Manolo Colón; pero, si es un leonés, se le abuchea.
Si la envidia es el pecado capital de los españoles, el de los leoneses es no tener ninguna iniciativa y estar básicamente en contra de todo aquel que la tenga. Ejemplos sobran. No hay más que mirar a Zapatero para darse cuenta de que no recibe críticas tan feroces en ningún lugar como en su tierra.
En el pasado, Juanín se partió la cara durante años por la hinchada del Ademar. La grada rugía más que nunca cuando él marcaba. En el presente, ejerce de leonés allá por donde va. Celebra aquí sus triunfos, recorre miles de kilómetros y no duerme para recoger el premio al Mejor Deportista Leonés del Año (ya lo no le deben de caber en las estanterías) y apoya todas las iniciativas de esta tierra que le proponen porque no sabe decir que no. En el futuro, pase lo que pase, su vida estará ligada a esta provincia.
Pero, a pesar de esto, como no saca pecho aunque tenga motivo, como no se parece en nada a otros famosos deportistas leoneses que sin duda son para presumir como Rafa Guerrero, cada vez que Juanín regresa a su tierra, y perdón por el tecnicismo, le llueven las hostias. Sirva como ejemplo que al engreído de Fernando Alonso los asturianos le siguen apoyando aunque se haya atrevido a decir que no le gusta la sidra, ni la fabada, ni el queso de Cabrales.
Perdón por el tono, pero es que todos somos de León...