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EL PULSO Y LA CRUZ / Antonio Trobajo Díaz

Sarcófago de viejos demonios

Metámonos en harina. Y en enredos, para que nada cambie. Ésa parece ser nuestra condición. Siempre contra corriente y siempre sujetos a embestidas. Vale que, como dejó escrito San Pablo, “nos derriban, pero no nos rematan”. Ahora es el asunto de los crucifijos en los centros escolares públicos. Aquí está esta perla de uno de nuestros jueces: resulta que el crucifijo, ahí colgado, conculca los principios constitucionales. ¡Amos, anda! Con todos los respetos para ese dictamen judicial –menos mal que recurrido y no precisamente por una institución religiosa–, a uno se le hace muy cuesta arriba entender y aceptar que el símbolo de una religión que lleva en su entraña esencial un mensaje de respeto, entendimiento y colaboración entre las personas y los pueblos, pueda considerarse fuera de la ley. Más aún. A servidor no le cuadra que en un país como el nuestro que, además de ser un Estado social de derecho con todas las bendiciones de Rousseau, Monstesquieu y Keynes, tiene raíces cristianas hechas cultura, se pueda proscribir un signo que sólo recuerda a quien, movido por un amor entrañable, sin frontera alguna, abraza la muerte para dar vida. Y es que en nombre de una pretendida neutralidad y una presuntuosa asepsia se han echado a perder grandes causas y no menores intentos. Con todo, lo más alarmante es que esto ocurra después de treinta años –se cumplieron ayer mismo– de vivir cobijados por una Constitución de consenso. Y no me pregunten quién ha abierto el sarcófago de los viejos demonios familiares y sociales. No se trata de buscar culpables. Servidor se va a limitar a decir que es penoso que, a estas alturas de la historia, todavía haya quien se suscriba a las guerras de religión. Que cada cual mire dónde milita y, si algo no va ‘secundum Lucam’, que se apunte al propósito de la enmienda. Que eso es mirar al futuro y sintonizar con el espíritu del Adviento.
Y ahora para cerrar, un dolor y unos gozos. El dolor de los más de ciento doce mil abortos provocados en el año 2007 (en la provincia de León, dos cada día). Las alegrías de la fiesta de mañana que sigue pregonando el patronazgo de la Inmaculada sobre España desde Carlos III; y los cuarenta años del Hospital de San Juan de Dios de la capital; y el homenaje a don César Sánchez, misionero en Córdoba (Argentina) por sus 50 años de cura; y las restauraciones anunciadas de templos en Castilfalé y Rabanal del Camino. Y el domingo, que es hoy. ¡Feliz día!

Antonio Trobajo Díaz es vicario episcopal de Relaciones Públicas de la Diócesis de León

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