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MÚSICA / XX Purple Weekend

Inolvidable edición de un festival único

El Purple de este año deja grandes conciertos, masiva asistencia y un ambiente muy especial

La explosiva teclista de The Fuzztones, Lana Loveland, antes de cambiar su atuendo por otro que ningún asistente olvidará jamás... J.M. LÓPEZ

C.D.R. León
Son veinte ediciones en veintidós años, pero la que acaba de finalizar va a ser muy recordada. Como todo el mundo ha podido comprobar, la asistencia al XX Purple Weekend ha superado todas las previsiones a pesar de la tendencia a la baja de las ventas de entradas de conciertos en toda España.
El éxito conseguido se debe a varios factores. En primer lugar, la altura artística del cartel, que ha elevado el listón unos centímetros más al contar con bandas de leyenda y otras recién formadas y con un amplísimo abanico de géneros y estilos.
En segundo lugar, el público. Parece imposible llenar el Hispánico, llenar el ‘allnighter’ hasta las 6 de la madrugada, llenar el Musac a las 12:30, llenar El Gran Café a las 15:30, El Albéitar a las 17:30 y nuevamente el Hispánico a las 21:00 horas, parece imposible, pero así ha sido, pues los ‘purplemaníacos’ lo son por convicción y no fallan nunca.
En tercer lugar, el aire del festival, que es su principal valor. Y es que la organización del mismo está integrada por amantes incondicionales de la música, como demuestra el hecho de que su director no se haya bajado del escenario desde hace varios lustros, ya fuera con este o con aquel grupo. Es decir, no es una fría empresa informatizada, burocratizada y dirigida por un amplio departamento de marketing la que diseña y materializa el festival. Nada de eso, aquí lo que impera es la música.
Esto es un factor determinante, como también lo es el hecho de que los artistas no tengan empacho en bajar del escenario para charlar con sus seguidores, hacerse fotos con ellos, firmar autógrafos o tomarse unas copas; tal hicieron los neoyorquinos The Fuzztones al terminar su escalofriante concierto del sábado (el quevendieron todo el papel a la venta). Y del mismo modo el buen rollo existente para que, una vez que a última hora se confirma la ausencia de un grupo de la sesión nocturna, se cambie al del Gran Café para abrir la misma y aquí se llama rápido a Platillos Volantes. Y todo funciona como una seda, no hay enfados, todos contentos, todos bailando.
Por último, el resto de actividades, cuyo atractivo explica el hecho de que en el mercadillo de discos se pudiera comprar un single de Camilo Sexto (con x) por más de 100 euros. Esto también es festival. Sí, el aire que se respira en el Purple Weekend es único.

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