Ahora que el aeropuerto de León está de estreno ruteril puede que en las próximas rebajas de enero las tiendas patrias sufran la ausencia de la ‘jete sete’ local. Las damas y damos más pudientes de acá y allá del Manzanal deben estar ya tirando de internet y de agenda para buscarle hueco a la primera escapada a la ciudad del amor y capital de la moda y del diseño. Los afortunados que puedan esquivar la crisis o que tengan alguna hucha que reventar para darse un capricho con acento gabacho ya pueden ir juntando días y euros para conocer el Sena. Y todos los que se quejaban de haber estudiado francés en el colegio y no haber podido sacarle partida porque el inglés es la lengua universal ya pueden preparar la maleta y desengrasar el ‘comantalevú’ el ‘yemapel’, que no se diga. Desde luego es un destino mucho más atractivo para el intelecto y el espíritu que para el bolsillo pero también inevitable para los mega cool –superguays– leoneses que ya tienen más que a mano un lugar para viajar de esos que da gusto contar. Vamos, que no es lo mismo decir que pasarás el fin de semana en el pueblo que contar a los cuatro vientos que te vas de compritas al París de la France (por cierto, www.visitarparis.com).
Cuando empiecen los vuelos, me acerco un día al aeropuerto sólo para ver las bolsas que traen los avezados compradores leoneses pioneros en la conquista de París. No sé si va a caber tanto glamour en la bodega del avión de Air Nostrum.
Lo qué sí tengo claro es que lo de programar tantos vuelos a París en esta nuestra Comunidad puede ser una medida subliminal del Gobierno autonómico para luchar contra el envejecimiento y la despoblación vía viajecito romántico con recuerdo de por vida.
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