Los familiares de desaparecidos reivindican el mismo trato que se da a las víctimas del franquismo
Una patrulla de la Guardia Civil durante las labores de búsqueda en un caso de desaparición en la provincia de León. gaztelu
I. Herrera León
Los buscan con la esperanza de que sigan con vida, no son desaparecidos políticos cuyos restos quedaron sepultados sin piedad en fosas que salpican todo el territorio nacional, pero también tienen familia y amigos. Leoneses de todas las edades y condiciones sociales, algunos salieron a por tabaco y no se supo más de ellos, a otros les echaron en falta en residencias de ancianos, hay menores que salieron un día de marcha y tardaron otros tantos en volver a casa... pero ninguno estaba donde se le esperaba a la hora y en el lugar previsto. Alguien les echó de menos y denunció su desaparición. Algunos aparecen, vivos o muertos –sobre todo los más mayores–, otros jamás han sido encontrados, son los casos sin resolver que, según datos facilitados desde la Subdelegación del Gobierno en León, ascienden a una decena en los últimos 25 años, ocho hombres y dos mujeres.
En lo que va de año, en la provincia se han denunciado 36 desapariciones, todas ellas resueltas. Las 36 personas fueron localizadas, no todas con final feliz, pero las familias agradecen poder tener, al menos, la posibilidad de enterrar a su ser querido y saber dónde depositarle flores.
Pasan los días, las semanas, los meses e incluso los años. La angustia acompaña a las familias que no han dado con el paradero de su ser querido. Albergan la esperanza de que un día aparezca. No se rinden, no abandonan.
La Agrupación de Familiares de Desaparecidos Inter-SOS –fundada en Barcelona en el año 1998 y que trabaja a nivel internacional– señala que no hay un perfil definido de las personas desaparecidas. Manuel Jaime, presidente de la asociación, indica que en función a los casos en los que trabaja Inter-SOS (o ha trabajado), se pueden agrupar en: “Personas de la tercera edad con casos de demencia, alzheimer... que son los más comunes. En segundo lugar, personas de mediana edad muchas veces con algún tipo de problema mental, pero también habría que incluir aquí a las personas que quieren desaparecer. Y un tercer grupo lo constituirían los menores desaparecidos, que son los casos menos frecuentes”. Recuerda aquí el caso de Yéremi Vargas o Cristina Bergua o “tantos otros, pero que afortunadamente, dentro la desgracia que suponen cada uno de ellos, son los mínimos”.
En el caso de las desapariciones de menores, Manuel Jaime indica que tanto en Inter-SOS como en las fuerzas de seguridad se ha detectado que hay periodos cortos de tiempo en los que se registran más casos, “pero por lo general duran poco tiempo, no suelen prolongarse más de una semana”.
Más trágicos suelen ser los desenlaces cuando se hallan a los mayores desaparecidos pues “desgraciadamente por lo general se les encuentra muertos, aunque también hay que decir que algunos han sido localizados con vida”.
Eso sí, el presidente de Inter-SOS confirma que las familias jamás pierden la esperanza, “para bien o para mal quieren saber qué ha pasado con su familiar porque cuando te enteras, cuando se resuelve el caso, el cuerpo descansa, aunque es una esperanza que se va debilitando con el tiempo”.
“Lo que las familias desean, piden y quieren es que se pongan el marcha el mayor número de actuaciones y lo más rápido posible para encontrarlos. Hay un sentimiento de desesperación, de dolor, por no saber qué está pasando con ese familiar”, explica Jaime que al tiempo reconoce que desde que en 1998 se fundara la agrupación las cosas han cambiado mucho y los casos no se abandonan, “cuando pasa mucho tiempo se aparca temporalmente, pero no como se hacía antes de dar carpetazo y al cajón”.
Lo que las familias quieren es que se les busque y que se les entregue al familiar vivo o, en el peor de los casos, muertos, pero sabér qué ha pasado, reitera el presidente de Inter-SOS. En este sentido, considera que dentro de todo lo que en los últimos meses la memoria histórica ha dado que hablar, las familias de los desaparecidos no políticos también tienen derecho a que sus seres queridos aparezcan, vivos o muertos. Por este motivo comunica que se ha remitido un escrito al juez Baltasar Garzón “para que nos reciba, esperemos que en un momento u otro se digne a contestarnos y a recibirnos para poder reivindicar el mismo derecho que los familiares de las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo”.
No ponen en duda la necesidad o no de resolver las deudas de la memoria histórica con sus víctimas, pero lo que sí les indigna es que se tomen tantas molestias en esa línea cuando “también se debería buscar a personas que han desaparecido de forma más reciente y de las que tampoco se tiene la certeza de si están vivas o muertas”.
Manuel Jaime hace referencia a las cifras de desaparecidos facilitadas por el Ministerio del Interior en un balance cerrado a principios de 2006 en el que se recogía que desde 1989 hasta el último día de diciembre de 2005, la cifra en España de casos sin resolver de personas desaparecidas ascendía a 14.000, además de 4.000 cadáveres que estaban sin identificar. En ese mismo año 2005, se denunciaron 17.000 desapariciones, apunta Jaime, de las cuales un 1% quedaba sin resolver, “yo creo que los gobiernos y la sociedad deben ponerse las pilas”.
Luchar por los desaparecidos de la memoria reciente, sin desechar el trabajo por la memoria histórica. Esto solicitan los familiares que aguardan aún con esperanza la llegada de aquél que un buen día, sin motivos aparentes, no atravesó el umbral donde alguien le esperaba.
Así esperan, al borde de la desesperación, en Carrizo de la Ribera, en la capital leonesa, en Benavides de Órbigo, Villaobispo de las Regueras, Veguellina de Órbigo, Cubillos de los Oteros, Toral de los Vados, La Robla, Vega de Espinareda o Bembibre, algunos, desde hace 25 años.