Una jornada con los empleados del Parque Móvil de la Diputación tras una intensa nevada
No ha pasado nadie en tres días y tan sólo un grupo de venados sale al paso de las máquinas quitanieves en el puerto de Pandetrave. MAURICIO PEÑA
David Rubio Pandetrave
Una máquina fresadora rompe el silencio y la nieve en el puerto de Pandetrave. No ha pasado absolutamente nadie en los últimos tres días, desde que cayó la última nevada, y en el paisaje, inmensamente blanco, tan sólo se observan las huellas de los animales que, desesperados, buscan agua o pasto.
Tres vehículos forman la comitiva. En el primero, Félix, conductor de la fresadora, avanza poco menos que a palpo. No hay ni rastro de la carretera. La nieve ha dejado todo exactamente igual, asfalto, cunetas y quitamiedos, hasta el punto de que, bajo el manto blanco, el que visita por primera vez este paraje podría pensar que nunca hubo carretera. La máquina escupe la nieve como una cosechadora en medio de un campo de maíz. A veces tropieza con un hierro que ha quedado en el medio de carretera o una de las barras que señalizan el trazado, que no son demasiadas y, por eso, Félix avanza con la fresadora como si conociera la carretera de memoria.
Detrás de él, Jesús, al que acompaña Tomás, abre definitivamente el paso con la pala del camión quitanieves. La maneja de un lado a otro, adelante y atrás, como si fuera su propia mano. No hay más que verle para darse cuenta de que Jesús, con el Ducados de medio lado en la boca, ha pisado mucha nieve en su vida, al volante y a pie.
Tras ellos, en un todoterreno, vael jefe del Parque Móvil de la Diputación de León, Blas Castrillo. Avanza por el puerto Pandetrave mientras coordina por teléfono los movimientos de otros operarios en la esquina contraria de la provincia, que, como demuestra en la conversación, conoce palmo a palmo. “Este trabajo tiene algo de heroico. O te gusta o no lo puedes hacer. Cuando nieva de verdad, la gente de mi equipo no tiene problemas en trabajar todas las horas que hagan falta. De hecho, muchos llevan días sin volver a casa, de la que salieron con una mochila el domingo y no saben muy bien cuándo volverán”, comenta Blas. Su teléfono es un hervidero de problemas: un alcalde indignado porque los vecinos están indignados con él, el propietario de una casa rural que quiere que abran paso para sus clientes, el secretario de un ayuntamiento pidiendo más sal, un concejal que pregunta por unas cuchillas, la Guardia Civil que quiere explicaciones...
Todos se creen, con diferencia, los más afectados de toda la provincia por la última nevada.
“La gente es muy poco solidaria con el tema de la nieve. No entienden que, cuando nieva, nieva en más sitios que en su pueblo. Les da igual que quede un pueblo incomunicado en el que hay enfermos o heridos, que si no pueden sacar el coche de la cochera, aunque no lo necesiten, entran en cólera”.
Las máquinas siguen avanzando, despacio, y tras ellas pronto se cuelan curiosos que quieren hacer fotografías y guardas forestales que siguen los rastros de los animales.
El puerto de Pandetrave es de los últimos en abrirse al tráfico puesto que, obviamente, se da preferencia a aquellas carreteras que llevan a pueblos en los que vive gente. En ésta, en cambio, hay 18 kilómetros, desde Portilla de la Reina hasta Santa Marina de Valdeón, en la que no hay ni alma. 18 kilómetros de blanco. En lo alto del puerto, las paredes de nieve que la fresadora va dejando a los lados superan con creces los dos metros de alto.
Para un trabajo como éste es lógico que la previsión del tiempo sea algo más que el runrún de la televisión o que una conversación de ascensor. No por ello se deja de discutir, porque a pesar de que las autoridades informan puntualmente de las alertas y de que los sistemas de previsión han evolucionado notablemente en los últimos años, todo el mundo tiene su propia opinión al respecto. “El trabajo sordo, la previsión, la distribución de la máquinas y su montaje, es fundamental en este trabajo, además de la experiencia de los conductores”, dice Blas, a cuyo equipo le toca lidiar con las carreteras más difíciles de la provincia, puesto que las principales son de titularidad autonómica o estatal.
Cuando la comitiva da una curva, aparece ante la primera de las máquinas una fila de venados. Exactamente catorce. Habían bajado a un riachuelo para beber y, al ser descubiertos, quieren correr monte arriba, pero la nieve les cubre casi todo el cuerpo. Avanzan en fila india, todos detrás de una hembra, y van zigzagueando ladera arriba, componiendo una estampa verdaderamente hermosa. Los motores dejan de rugir y todos miran ahora a los animales. Vuelve en inmenso silencio de estos parajes, que ha debido de ser total desde que dejó de nevar el pasado lunes. Tras los venados aparecen unas perdices, también desorientadas. Luego arrancan otra vez las máquinas que rompen el silencio y la nieve.