El sargento leonés Jesús García Arribas partía en misión humanitaria a Afganistán como voluntario en octubre de 2006. J.M. LÓPEZ
I. Herrera León
Desde hace décadas, la guerra convive con la población afgana. Primero fue el constante acoso de la guerrilla islámica al gobierno comunista que se instaló en el poder en 1978. Soviéticos defendiendo su área de influencia y estadounidenses del lado de la guerrilla recrudecieron el conflicto haciendo de este territorio un escenario más de la Guerra Fría. Nueve años se prolongó esta contienda (hasta 1989). Pero a este conflicto armado le siguió un resurgimiento de la guerra civil. Así, en 1996 los extremistas talibanes toman el poder imponiendo un régimen basado en la sharia. En 2001, Estados Unidos, en respuesta a los atentados del 11-S y debido a intereses energéticos y estratégicos en la zona, ocupa el país y derriba el régimen talibán. Es en este momento, el Consejo de Seguridad de Naciones Unida autoriza la creación de una fuerza internacional para ayudar al gobierno del presidente Karzai. Hasta Afganistán se han desplazado miles de soldados de distintos países en misión de asistencia y con el objetivo de mantener la paz, pero la estabilidad no ha llegado aún a este país en el que las brasas de la guerra continúan encendidas.
En Afganistán, país inestable, muy pobre, con una esperanza de vida que no alcanza los 50 años y de clima continental extremo, opera el Ejército español. El sargento primero Jesús García Arribas, de la Academia Básica del Aire de la Virgen del Camino, estuvo allí. “Era mi primera misión, y la única de momento” y de ella saca un balance positivo. Intensidad es la palabra que emplea para expresar cómo vivió aquellos casi cinco meses –con las Navidades de por medio– que pasó en la base de Herat.
De forma voluntaria, se sumó a esta misión sin saber muy bien qué es lo que allí se iba a encontrar. Pobreza, miseria, desesperación, pero no habla de peligro aunque al recordarle esta posibilidad no niega que existir, existe: “Peligro hay, evidentemente, no vamos a decir que no y menos ahora con lo que ha pasado [se refiere a los dos soldados españoles que fallecían el pasado mes de noviembre en un atentado suicida contra las tropas españolas en Afganistán], pero cuando ves todo lo que te rodea, los dispositivos de seguridad, te das cuenta de que, a pesar de que el riesgo existe, se minimiza al máximo”.
Desde que en 2002 llegaran las primeras tropas españolas al país 88 militares han fallecido. “Lamentablemente es una cifra elevada de bajas, pero hay que tener en cuenta dos circunstancias concretas, el accidente del Yak-42 [en el que murieron 62 militares españoles en el vuelo que los traía de regreso a España] y el accidente del helicóptero, salvo esto, yo creo que no tenemos tantas bajas”, señala García Arribas que tuvo que enfrentarse a la dureza de la tragedia en el terreno afgano. Una semana antes de que su destacamento regresase a casa fallecía la militar española Idoia Rodríguez tras pasar un convoy sobre una mina de alta potencia. “El atentado sucedió la última semana y son cosas que te marcan. Es lo que más de cerca me ha llegado, pero estas noticias siempre te tocan por algún lado, esto es una gran familia en la que al final nos conocemos todos, ha estado aquí, has coincidido en otros destinos... y siempre te llega, más después de vivirlo en primera persona”.
Al llegar a Afganistán, el sargento primero Arribas se dio de bruces con la pobreza: “Ves la miseria, la desesperación de la gente” y consideras que la ayuda que allí prestan mediante la reconstrucción de infraestructuras, asistencia sanitaria y reparto de ayuda humanitaria es una gran labor. “Da mucho coraje ver a un niño descalzo que ya ni siente ni padece y piensas, qué frío habrá tenido que pasar para tener esa cara”, cuenta.
“Es un país que quiere salir adelante, que necesita ayuda. Yo creo que cuando tantos países estamos allí por algo es y creo que se puede hacer algo bueno. Es una población que te recibe con los brazos abiertos, algo lógico, pues les das atención médica, ayuda humanitaria, a quien la quiere por supuesto. Hombre, hay gente que nos tira besos y gente que no nos tira besos, pero es lo que nos gusta hacer y lo que tenemos que hacer”. Y es que la retirada o no de las tropas de Afganistán es un debate continuo que no acerca posturas. Jesús García Arribas, conocedor de la labor que allí se desarrolla de primera mano, opina que hay que arrimar el hombro, “cuando es una actuación que está respaldada por una serie de resoluciones, de declaraciones unidas, que está bajo el mandato de la Otan, no es un país el que decide esto, son muchos países y creo que si ayudamos un poco se puede conseguir algo muy bueno. Entonces, retirarse o no, lo tienen que decidir los jefes, yo creo que hay que intentar conseguir que las cosas mejoren, que se estabilice el país, que la gente no tenga esa pobreza”. Un trabajo que lleva tiempo, “todo esto no cambia de un día para otro, de un mes para otro, yo creo que nos daremos cuenta realmente de la labor desarrollada cuando acabemos y veamos lo que hemos conseguido”, pero este ‘acabemos’ no tiene fecha, “yo creo que acabaremos cuando no haya tanta pobreza, cuando se les de unas infraestructuras básicas, cuando cuenten con una serie de medios, eso de ‘no le des de comer, enséñale a pescar’”.
El sargento leonés volvería de misión, lo dice convencido, aprendió mucho en Afganistán y entiende que fue una experiencia muy positiva. “Lo que dejas aquí es lo más duro, mi mujer, mi madre, la verdad es que quedan con una preocupación, y son cuatro meses de preocupación, pero vamos, si me mandan de misión, iré encantado”.