UNA IMAGEN Y 244 PALABRAS

Siempre hay una |
Circulas por cualquier carretera, las más entretenida que te puedas imaginar, vas mirando un horizonte de peñas, paisajes y caballos paciendo, cuando a la vuelta de cualquier curva se te aparece una cruz clavada en el suelo, con un nombre. Llega con ella la desazón, el recuerdo de la cruda realidad, la constatación de que siempre hay una cruz en el horizonte. Subes a la peña más alta. Alcanzas la cima más deseada, respiras el aire más fresco , observas el paisaje más bello y extenso que tus ojos alcanzan a ver y cuando te sientas para disfrutarlo ves una pequeña cruz clavada y fijada al suelo por la dureza de mil heladas, con varios nombres de quienes se quedaron a pocos metros del paraíso que tu disfrutas. Es la cruz de la sensatez, la que te recuerda los riesgos y los accidentes, las gestas unidas a la muerte o el accidente. Siempre hay una cruz en el horizonte. Te acercas al Faedo, pisas hojas que parecen contestarte con palabras articuladas con el viento, caminas bajo árboles que parecen construir un túnel hacia un mundo de leyendas y magia y al salir te encuentras con un cielo de nubarrones que fueron azules y pronto van a ser negros. Yen el horizonte de nuevo aparecen las cruces, las del cementerio de Ciñera, las de la muerte al lado de la vida que siempre ha sido la naturaleza virgen. Siempre hay una cruz en el horizonte. |
![]() Mauricio Peña |
![]() Fulgencio Fernández |
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