Una tesis analiza la relación entre la ganadería trashumante leonesa y especies como el alimoche y el buitre
El buitre leonado es una especie de la que aún quedan trescientas parejas en diversos puntos de la provincia de León.
A.M.R. León
Un estudio realizado por el doctor Pedro Pérez Olea, de la Facultad de Ciencias Experimentales de la IE Universidad de Segovia, y la doctoranda de la Facultad de Ciencias Biológicas y Ambientales de la Universidad de León, Patricia Mateo, ha puesto en relación el papel de la ganadería trashumante que habita en vertiente sur de la Cordillera Cantábrica, especialmente en la montaña leonesa, con las aves carroñeras asentadas en este entorno. Así, según determina el trabajo, el declive de esta actividad en la zona afectará a la población de necrófagas (alimoches y buitres leonados, concretamente). En la actualidad, ambas especies suman unas 280 parejas, y los restos de las reses ovinas y vacunas podrían alimentar hoy en día a una cantidad total de 700 buitres diariamente.
El trabajo, que forma parte de la tesis doctoral de Mateo, ha supuesto tres años de registros en la vertiente sur de la Cordillera Cantábrica, que comprende las provincias de León y Palencia, y otro de redacción de los resultados. Por medio de la toma de muestras en esta área geográfica, se ha observado también que la disminución de la trashumancia en la alta montaña perjudica no sólo a las aves carroñeras, cuyo principal alimento son los restos abandonados de ovejas, vacas o sus crías, sino también al oso pardo cantábrico, que hace uso de carroñas para alimentarse. El ovino permanece en la montaña de julio a finales de octubre, mientras que el vacuno lo hace de abril a noviembre.
La tesis, titulada ‘Gestión y conservación de aves carroñeras en sistemas de montaña’ y codirigida por Pérez Olea y el profesor Francisco José Purroy, de Ciencias Biológicas de León, establece que la población de aves carroñeras del norte de León y Palencia ha permanecido estable en los últimos años a pesar de los cambios de uso ganaderos, como el motivado por la normativa para evitar la propagación de la encefalopatía espongiforme bovina o mal de las vacas locas. “Las aves carroñeras de la Cordillera Cantábrica han resistido mejor estos envites porque los ganaderos han mantenido la necesidad de abandonar las reses muertas en el campo”, explica Patricia Mateo. Esto es así por que en la zona de montaña se practica la ganadería extensiva. La dificultad de retirar el ganado muerto en parajes de difícil acceso a vehículos facilita el abandono de estos restos y, por tanto, la alimentación de alimoches y buitres leonados.