La noticia de que León recupera la barrera del medio millón de habitantes, concretamente en 500.200, según los datos del padrón municipal que ayer declaró oficiales el último Consejo de Ministros del año, no son muy significativas en cifras absolutas –son 2.813 personas más que el año pasado–, pero sí en la generación de un optimismo más necesario aún en tiempos de crisis. El goteo continuo de pérdida de población de los últimos años se había convertido en sinónimo de reconversión de los sectores productivos básicos de la economía leonesa –principalmente la minería y la agricultura–, despoblación del medio rural y emigración de los más jóvenes. Los 500.200 leoneses con que se cierra 2008 significan, ante todo, que es posible la recuperación de una provincia con una gran riqueza natural que, además, está situada en un punto estratégico del noroeste de España, con grandes vías de comunicación, tanto viarias como próximamente ferroviarias, sin despreciar las aéreas. No son los mejores tiempos para iniciar una nueva etapa, pero al menos en los tiempos que corren León tiene posibilidades de crecer. Su dependencia de sectores no excesivamente vinculados a la construcción y la apuesta por otros como las nuevas tecnologías o las energías renovables, deben abrir nuevos caminos para la creación de empleo, que al final es la mejor forma de asentar población y, por lo tanto, crecer. El dato de crecimiento de la población también es extensivo a la Comunidad, que aumenta en habitantes en todas sus provincias a excepción de Zamora. Aunque el ritmo es más lento en Castilla y León que a nivel nacional, al menos la tendencia histórica se ha invertido. Y eso ahora es lo más importante. Crecer, no perder como hasta ahora.