En plena crisis, la agencia más antigua de León se mantiene abierta. El secreto: “No ser un enseñapisos”
Fachada de la agencia Cantalapiedra en la Calle Ancha. MAURICIO PEÑA
M.C.C. León
El local de la inmobiliaria Cantalapiedra, en la Calle Ancha, fue antes sede del Banco de Bilbao hasta que la entidad se trasladó a la plaza de Santo Domingo. Manuel Cantalapiedra mantiene el negocio abierto, nunca mejor dicho, contra viento y marea, en plena tempestad de la mayor crisis que ha vivido el sector del ladrillo en España, que en pocos meses se ha llevado por delante muchas de las agencias que vendían pisos en León.
Son casi 80 años desde que su abuelo y su padre iniciaran el negocio como administración de capitales, al que después de fueron sumando otros, como administrador de fincas, agencia de viajes... hasta agencia de publicidad.
La clave de tantos años abierta está, en opinión de Manuel Cantalapiedra, en que su agencia pertenece a la API, que significa agente de la propiedad inmobiliaria, un sello de garantía oficial que exige una preparación profesional y ofrece seriedad y rigor. “Nosotros pedimos garantías a los vendedores. Y si no las hay no cogemos el piso. Los ‘enseñapisos’ han hecho mucho daño, porque han confundido la paja con el grano”.
Después de la guerra civil, León era una ciudad de alquiler. Los edificios eran propiedad de unos pocos y la mayoría de los inmuebles eran arrendados. El negocio de las inmobiliarias era entonces más que vender cobrar las rentas.
El primer mercado de viviendas empezó en los años 50 y fue mucho más activo en los 60. Fue entonces cuando Manuel Cantalapiedra se incorporó al negocio familiar tras acabar Derecho en Madrid. Aunque durante los veranos hacía de botones, recadero... o lo que hiciera falta, hasta entonces no empezó en serio. “Recuerdo el primer piso que vendí. Fue en el Ejido allá por 1960 y lo vendí en 200.000 pesetas”.
En aquellos años del desarrollismo inmobiliario, el boom inmobiliario también llegó a su manera a León. Cantalapiedra recuerda haber vendido viviendas en la calle Ramón y Cajal a 400.000 y 500.000 pesetas. “Con los años fue subiendo, pero también hubo dientes de sierra. Lo que pasa es que el mercado estaba más nivelado entre la oferta y la demanda. El problema ahora es que todo se ha desmadrado”, comenta Manuel, sentado en su despacho, lleno hasta el techo de diplomas y recuerdos suyos, de su padre y de su abuelo.
Manuel Cantalapiedra es de los que ya había advertido lo que iba a venir. “León no ha crecido en población; por eso a algunos directores de bancos ya les dije hace años queun día podían terminar comiéndose los pisos. No hay para más”, señala.
El mercado inmobiliario ha sufrido muchos vaivenes y el de ahora es uno más, en su opinión. Duro, difícil, muy complicado, pero uno más. “Hace 20 años, los créditos estaban al 18%”.
Manuel Cantalapiedra no tiene prisa. El que quiera entrar que entre, y el que no quiera vender su piso que no venda.