Una tercera parte de los fondos del Museo de León proviene de las donaciones y depósitos
Epitafio de Selomó bar David ben Parnaj. Procede del Castrum Iudaeorum de Puente Castro. Donación de la familia García de Arriba en 2000. MAURICIO PEÑA
I. Herrera León
Que el Museo de León pueda exponer en sus vitrinas y paredes piezas como un conjunto de orfebrería de la Primera Edad del Hierro, mazas de piedra del calcolítico, un lote de diez útiles de la Edad de Bronce (el Depósito de Valdevimbre, que llegó al museo rodeado de una curiosa historia), el epitafio de Selomó bar David ben Parnaj (inscripción funeraria judía) o lienzos de reconocidos pintores como Sorolla es gracias al gesto altruista de instituciones, entidades o particulares. Por diversas causas caen en sus manos piezas u obras con cierto valor patrimonial que deciden compartir con el resto de los ciudadanos depositándolos o donándolos al Museo de León, donde todo el mundo pueda contemplarlos.
De este modo, hay que agradecer a Manuel Abad Varela, Javier Aláiz Barrio, el señor Alfageme, Casimiro Alonso y otros 169 nombres más –que por cuestiones de espacio, que no de ganas, es imposible reproducir aquí–, entre ellos de instituciones como el Ministerio de Cultura, la Junta o el Obispado de León, su aportación a los fondos del museo leonés por cuyos pasillos y plantas se reconstruye la historia de la provincia desde el Paleolítico hasta el siglo XVIII.
Este museo es público no sólo por su sistema de financiación, sino también por la aportación recibida de estas 173 familias, personas, asociaciones, empresas o instituciones con el objeto de compartir con el resto de la sociedad sus hallazgos, propiedades o adquisiciones.
En un recorrido por las distintas salas en las que se articula el museo, es fácil comprobar que los depósitos y donaciones suponen un porcentaje nada desdeñable de los fondos del museo que ronda el 30%. Manolo García, guía del recorrido, señala que la diferencia entre depósito y donación reside en la propiedad de las piezas: “Mientras que cuando se produce una donación la titularidad pasa al museo, pasa a formar parte de los bienes comunes de la Administración, el depósito en cambio es un préstamo, el propietario no deja de serlo”. Y añade García que existe otro modo de ceder patrimonio al museo, el legado testamentario. En el centro de arte de León sólo se ha registrado un caso de ingreso de piezas por legado testamentario, “un caso curioso tanto por su excepcionalidad en este museo como por la calidad de las piezas”. La historia tiene su enjundia, pues la donante había estado en el Museo de León poco tiempo antes de su muerte para realizar una consulta, “vivía en un edificio que está en la misma plaza de Santo Domingo, desde mi ventana se ve”, explica el director del Museo de León, Luis Grau. Y es de imaginar la sorpresa que se llevaron en el centro de arte cuando el albacea testamentario se puso en contacto con ellos para comunicarles que Doña Josefa Díez González, viuda del general Don José Ibor, había dejado en herencia al Museo varios Sorollas y dos Darío de Regoyos, entre otras piezas”, explica García.
Y no sólo es el valor de estos restos, sino la historia de su descubrimiento pues “muchas veces te cuentan cómo dieron con ello y hay historias apasionantes, se podrían hacer libros sólo con los relatos que hay detrás de cada pieza” aunque lamentablemente son pocas las que se recogen.
Siempre que la pieza expuesta en el museo procede de una donación o de un depósito se deja constancia del autor del gesto, “es lo único que podemos hacer, es una forma de dar las gracias a esta persona aunque sea de forma modesta”.
Señalar el perfil del donante o el depositante o las épocas en las que se producen más ingresos de piezas mediante estos sistemas es complejo pues “no existen estadísticas al respecto”. Sí puede decirse que en una provincia como la de León “es habitual que la gente tenga cosas en su casa, unas de más valor, otras de menos” y que suelen ser los herederos quienes “dan el paso de acercarse al museo”.
El detalle importante de todo esto –explican en el Museo de León– es que pudiendo optar por hacer con ello cualquier otra cosa, perfieren depositarlo o donarlo al museo donde todo el mundo pueda verlo, esa es la parte altruista importante.
“Nuestro papel es velar por el patrimonio y mostrarlo” y a esta labor también contibuyen los particulares con sus donaciones y depósitos ampliando los fondos del Museo de León que viene desempeñando su labor desde hace 150 años con sumo mimo y empeño a pesar de los altibajos registrados a lo largo de este siglo y medio de dedicación a la preservación y exposición del patrimonio y que ahora cumple dos años en su nueva sede en el Edificio Pallarés, un momento clave que le ha dotado de identidad propia y ha fijado la referencia de este centro de arte en pleno centro de la capital leonesa.