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ENTREVISTA / José Sancho Comíns / Catedrático de Análisis Geofráfico Regional de la U. Alcalá

“Castilla y León es la locomotora que va tirando del turismo rural”

carolina martínez / ical
Madrid
El llamativo desarrollo del turismo rural en España, potenciando por las instituciones europeas y autonómicas, ha motivado al Instituto Geográfico Nacional a publicar una monografía del Atlas Nacional de España dedicada en exclusiva a este sector, que si bien no puede competir en cifras con el de sol y playa lleva a gala la recuperación de territorios despoblados y con escasas posibilidades de desarrollo.
El monográfico ofrece una información detallada (158 mapas básicos y temáticos, 40 gráficos y tablas, 419 fotografías y 10 ideogramas) también por comunidades autónomas. Uno de sus capítulos más extensos es el dedicado a Castilla y León, “locomotora” del sector, según Comíns. En la publicación han colaborado medio centenar de especialistas de veinte universidades españolas, entre geógrafos, economistas, técnicos de turismo y cartógrafos, entre ellos Juan Ignacio Plaza, catedrático de la Universidad de Salamanca.

Una vez terminado este exhaustivo trabajo, con datos por comunidades autónomas, ¿cómo valora la situación del sector en Castilla y León en relación al conjunto de España?
Castilla y León es una comunidad del interior con un patrimonio cultural extraordinario y con valores naturales reconocidos, unos oficialmente y otros que no lo están aunque socialmente tienen un gran prestigio. Gracias también a su patrimonio artístico, folclórico y gastronómico, Castilla y León, es, quizás, la comunidad autónoma dentro del contexto español que ostenta unos recursos turísticos dentro del mundo rural más prestigiados.

¿Es la Comunidad realmente una potencia?
Yo creo que sí, pero además de ser una potencia tiene todavía un potencial descomunal. Castilla y León cuenta con un patrimonio extraordinariamente valioso, inconmensurable desde el punto de vista natural, cultural y paisajístico. Tiene las raíces, la tradición y los valores que el turista rural exige hoy en día y los está aprovechando. Indudablemente, en el contexto español, me atrevería incluso a decir que es la locomotora que va tirando de esta nueva función turística y recreativa del espacio rural. Es un tesoro lo que en definitiva tiene Castilla y León tanto en naturaleza como en historia, como también en servicios e infraestructuras. También me refiero a la cantidad de residencias secundarias, bien porque las familias emigraron y hoy recuperan y mejoran las casas de sus antepasados. Es una infraestructura tremenda de cientos de miles de casas que está desempañando un papel extraordinario.

¿Cree que en los últimos años las administraciones y los particulares han aprovechado bien los recursos disponibles pasa sacar todo el potencial del sector o todavía queda mucho por hacer en este campo?
El turismo rural y de naturaleza todavía sigue siendo minoritario si lo comparamos con el de sol y playa o con el de las grandes ciudades. Eso está claro, por consiguiente queda mucho por hacer. Evidentemente, queda un horizonte por aprovechar. No estamos en los comienzos pero sí todavía en una fase con muchas expectativas. En el futuro próximo y no digamos ya más lejano, el sector vivirá un desarrollo extraordinario.

Quizás, como comentaba, el turismo de sol y playa ha tocado ya techo en España. ¿Está logrando atraer al turismo rural ese volumen de ciudadanos extranjeros que cada año visitan nuestra costa?
Ya lo están haciendo. Hay que distinguir la gente que hace sólo turismo de naturaleza y rural de los visitantes que hacen las dos cosas. La población extranjera, aunque evidentemente minoritaria, ya ha entrado en este turismo también. No se dirige exclusivamente a los grandes centros históricos, como Salamanca, sino que una vez en ellos realiza un complemento de visitas de naturaleza.

En Castilla y León uno de los grandes problemas es la despoblación del territorio rural. ¿Está el turismo rural ayudando ya a recuperar estas zonas?
Decir recuperar a lo mejor es decir mucho. Está contribuyendo decisivamente a que el desmoronamiento no sea total. El mundo rural ha pasado ya de ser un mundo exclusivamente agrícola, ganadero o forestal a otra función, que tradicionalmente ya le correspondió pero que en los últimos veinte años ha cambiado de signo, me refiero a la función recreativa y turística. Eso ha hecho que algunos servicios mejoren, que se recupere y proteja mucho mejor el patrimonio cultural y se tenga más cuidado en todo lo relacionado con los tesoros naturales que tenemos. Al mismo tiempo, los servicios puestos a disposición del turista son hoy infinitamente mayores, desde las casas rurales, la rehabilitación de viviendas tradicionales para vacaciones, el acondicionamiento de las grandes rutas, las vías verdes, áreas recreativas, los centros de educación ambiental, balnearios… Eso está influyendo de manera muy importante en el sostenimiento de un ámbito que de por sí está atravesando grandes dificultades.
Pero el turismo, ¿podrá ser la solución por sí solo?
No puede ser. Naturalmente la agricultura, la ganadería y la explotación forestal tienen que seguir estando en activo, entre otras cosas porque contribuyen a conservar bien uno de los recursos turísticos por excelencia, que es el paisaje y, en segundo lugar, porque la función turística es muy estacional, tiene momentos de gran vida y otros, largos días y semanas, que se mantiene sin actividad. Esa estacionalidad debe ser complementada con otras actividades. No, el turismo rural no puede ser en manera alguna la solución, sino un aspecto más de cara a solucionar un problema grave en el mundo rural.

En cuanto a los espacios naturales, ¿considera que el territorio castellano y leonés goza de la suficiente protección?, ¿se trabaja con la suficiente agilidad?
Castilla y León participa del parque nacional de Picos de Europa, tiene nueve parques naturales, dos regionales, monumentos naturales, reservas, etc. Está bien dotada de ámbitos protegidos jurídicamente. Cierto que en estos momentos se está viendo la posibilidad de proteger la Sierra de Guadarrama. Es otro paso. Indudablemente, la existencia de estas figuras contribuye a no malograr un patrimonio excelente. Que se corra más o se corra menos, me atrevería a decir que es opinable. No mantendría una postura tajante en relación a la prisa.

¿Los establecimientos hosteleros están apostando por la calidad que exige este nuevo turismo?
En materia de calidad se han dado pasos importantes, como la Q de calidad y otras fórmulas. La calidad no es mala, al contrario, hay muy buena calidad y muchos de los establecimientos están acogidos a marcas de calidad. El turista rural es muy exigente, busca valores, naturaleza, cultura, gastronomía, raíces, tradiciones, folclore… Es infinitamente más exigente que el de sol y playa. Los establecimientos rurales se están poniendo a la altura de las exigencias del turista.

En el Atlas no se olvidan de la gastronomía, ¿qué información ofrecen?
La hemos tratado desde un doble punto de vista. Primero, presentamos las recetas culinarias de tipo tradicional que son valoradas y, por otro, las denominaciones de origen e indicaciones protegidas. El turista aprecia muchísimo la gastronomía, quiere saborear las recetas tradicionales. En este puntó, qué se puede decir, desde el botillo del Bierzo a los garbanzos de Fuentesaúco, la lenteja de La Armuña, la judía del Barco de Ávila, la mantequilla de Soria… Hay un patrimonio gastronómico realmente valioso.

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