ALICIA TORRES
Mansilla de las Mulas
No es ninguna contradicción. El director de la cárcel de León, José Manuel Cendón, refleja ser un hombre tranquilo a pesar de tener que controlar cada día a cerca de 1.900 internos. Concede esta entrevista en su despacho que sólo le diferencia al de cualquier otro psicólogo porque tiene un par de cámaras para vigilar lo que sucede en los módulos. Eso, y que hay que atravesar una serie de puertas enrejadas de control.
¿Cuál es el número actual de internos en el centro penitenciario?
El número de internos varía casi cada minuto. Ahora mismo hay 1.877 internos, de los cuales 127 se encuentran en el Centro de Inserción Social (CIS).
¿No está muy lejos del tope histórico de 1.915 presos alcanzado durante este año?
No. Hay que reconocer que estamos en una época que es cuando más población reclusa hay.
¿Cómo se distribuyen los módulos?
En la prisión hay 14 módulos y otro especial para internos en régimen cerrado, es decir, para los más conflictivos, que soporta un número muy limitado. De hecho, ahora hay 35 internos en este departamento de aislamiento. De los 14 módulos hay uno de mujeres, otro para primeros grados –internos conflictivos pero sujetos a un programa de tratamiento específico que funciona bastante bien–, siete de respeto y cinco ordinarios, que no conflictivos. La finalidad es que a corto plazo convertiremos uno de estos ordinarios en uno de respeto. Además, existe un edificio de ingresos y una enfermería.
¿El futuro es que la mayoría de presos pasen por módulos de respeto?
Ése es el fin porque se ha generado esta demanda. Los módulos de respeto funcionan bastante bien y una de las claves es que no son todos iguales. Cada módulo de respeto está enfocado a un perfil concreto aunque todos tengan características comunes. En unos se atiende a toxicómanos, en otro existe un programa para extranjeros, en otro a jóvenes...
En el Ayuntamiento y en la Diputación se han aprobado mociones a favor de una segunda cárcel en León. ¿Qué le parece este proyecto?
Este año se han inaugurado tres prisiones en España (Madrid, Castellón y Sevilla), en 2007 se inauguró otra en el Puerto de Santa María y se están construyendo en Canarias, Murcia, ampliando la de Lanzarote... ojalá éstas fueran suficientes. España es el país de Europa con más porcentaje de presos por cada 100.000 habitantes y, sin embargo, somos de los países donde se cometen menos delitos. La conclusión es que el Código Penal es duro pese a lo que dicen por ahí.
Pero, ¿apoyaría una segunda cárcel?
Ahora no sabría cómo definirme. En vez de construir nuevas prisiones, aparte de las proyectadas o una segunda en León, prefiero pensar que va a descender el número de ingresos y no se van a registrar 400 semanales. Si seguimos así, habría que construir 17 cárceles en cada provincia. Hay que buscar alternativas.
Los sindicatos piden que se incremente la plantilla de funcionarios. ¿Está compensado el número de trabajadores con el de internos?
A todos los directores nos gustaría que hubiera más funcionarios, no cabe duda. Pero es una cuestión de lo óptimo y lo imprescindible, porque los recursos hay que optimizarlos. No obstante, sí que está claro que se precisan más funcionarios y pese a que estamos en crisis, en los Presupuestos Generales del Estado (PGE) se prevé un incremento de plazas en prisiones, más que ningún año. El propio Gobierno entiende que hay que elevar el número de funcionarios.
¿Será 2008 el último año donde ninguno de los funcionarios en prácticas se quede en Mansilla?
Espero que sí. Hay que tener en cuenta que se abrieron tres prisiones con lo que muchos recursos de personal tuvieron que ir para estos centros. Los directores, y yo soy el primero, vemos sólo nuestro centro pero cuando alguien examina la situación a nivel nacional se percata de que hay agujeros que necesitan más agua. Es importante mirarlo con perspectiva.
¿Fue duro contar con 25 trabajadores menos en prisión?
Fue un tránsito duro pero hay que reconocer que se hizo de forma escalonada. Además, como tampoco nadie nos aseguró que se quedarían en Mansilla no hicimos muchas previsiones sólidas.
¿Sólo es achacable a la masificación las agresiones a funcionarios?
Hay más internos del volumen planificado y se supera con mucho el número ideal de presos. Pero no creo que sólo se puedan achacar las agresiones a la saturación. Es cierto que la masificación conlleva dificultades y, por lógica, un aumento de los conflictos que, curiosamente, no son tantos como cabría esperar. Si hace años nos dicen que con este número de presos se registrarían tan pocos conflictos, hubiéramos firmado fijo. Recientemente han sucedido hechos graves pero analizándolos de forma puntual se han producido en el módulo menos masificado y en circunstancias que aún habiendo tres funcionarios y dos presos hubiera pasado lo mismo.
Y, ¿qué se puede hacer al respecto?
No se debe olvidar que se trata con gente muy determinada y la clasificación interior te permite trabajar con ello. Por eso, masificamos más los módulos de tratamiento que los de presos más problemáticos. Es una situación con la que ‘jugamos’ en prisión. Insisto en que la masificación influye pero en estos casos puntuales de agresiones fue más una cuestión individual de un preso determinado.
¿Cómo se controla el mundo de las drogas dentro de la cárcel?
El primer enfoque es intentar controlar el consumo y para ello se aplican programas de tratamiento, para que no exista demanda. Pese a todo, hay consumo y tráfico y se realiza una importante labor policial.
Mansilla es la quinta cárcel con más presos inmigrantes. ¿Se genera otro tipo de convivencia?
Creo que no porque en líneas generales el extranjero está bien adaptado. Que en Mansilla haya mucha gente de fuera de León y de España genera en ocasiones cierta frustración. Es decir, el preso leonés tiene aseguradas todas las semanas la visita de su familia y eso reconforta mucho. El extranjero que no le viene a visitar nadie está más irritable y estas situaciones crean tensión entre ellos.
Acaip alertó de que los presos que no se adaptan a los módulos de respeto creaban guetos conflictivos para el día a día en la cárcel.
Sí. Es cierto que en las cárceles siempre ha habido tendencia a esta especie de guetos. Se intensifica la tendencia natural a crear grupos que pretenden una culturalización del propio interno que, a veces, es negativa y otras no. Estos grupos, sobre todo con extranjeros, pueden servir para fomentar determinadas actitudes que no son nada positivas y se trabaja mucho para detectarlos. Hay una especial vigilancia sobre ellos.
¿Cuántos etarras cumplen condena en Mansilla?
Ahora hay 18. La convivencia con ellos es absolutamente normal y no son presos conflictivos. Hay convivencia entre algunos porque no se puede separar a 18 presos.
Después del 11-M, ¿sigue ese control sobre los grupos radicales?
Aunque haya pasado tiempo continúa esa especial vigilancia sobre los grupos organizados, fundamentalmente de estos radicales.
¿Cómo es la convivencia de estos radicales con otros musulmanes?
En principio, la convivencia está normalizada porque ningún islamista revela que lo es y que está a favor del terrorismo. Uno de los problemas de la cárcel es localizarlos porque no lo manifiestan.
¿Cómo es el comportamiento de Suárez Trashorras en prisión?
Su comportamiento es normal. La decisión de trasladarlo a León o a otro centro depende únicamente de la Secretaria General de Instituciones Penitenciarias.