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depresiones / Germán Valcárcel

Fin del Centenario

Una vez acabados los fastos del Centenario ponferradino, queda por hacer la crónica de la gigantesca corrupción moral y material, que ha asolado esta tierra los últimos quince años, que va, desde la Montaña de Carbón, hasta Pongesur, o desde los ingentes Fondos Miner a los no menos ingentes fondos para Formación (deberíamos ser la zona de España con los trabajadores mejor formados) pasando por la cantidad de paniaguados que, sin otra herramienta que el latrocinio, llegaron a ‘oligarcas’. El problema, en Ponferrada y en el Bierzo, como siempre, no son los mediocres y truculentos políticos, sino los corifeos. Aquellos que empujaron a esos políticos a una corrupción salvaje para que les sacaran sus castañas del fuego, los mismos que prestaron su apoyo social, intelectual y económico. Son esos paniaguados quienes permitieron que los políticos violaran las leyes, asumiendo la prevaricación en los despachos, falsificando la memoria colectiva y la historia, todo ello mediante el rapto del lenguaje, de los partidos políticos y de las organizaciones sociales, como ejemplo de esto último, lo que está ocurriendo en el Ayuntamiento ponferradino con CCOO clamaría al cielo sino fuera una organización laica.
Pero sobre todo, de esa doble verdad, omnipresente, de los cómplices de la defensa del progreso como coartada, queda una Comarca subvencionada, envejecida y desmovilizada –dirán que menos que el resto de la Comunidad Autónoma, menudo consuelo– mientras, los matarifes de la democracia real, amateurs o de plantilla, practican la guerra sucia todos los días, sin que nunca los políticos les hagan ascos a sus hábiles negocios; al contrario, piensan que la corrupción está justificada por la Iglesia desde los tiempos de la Coronación de la Virgen de la Encina.

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