Vecinos y autoridades recuerdan la tragedia de 1959
Un haz de luz ilumina el cañón del río Tera en homenaje a la memoria de las víctimas de la tragedia. J.L. LEAL (ICAL)
Ical Ribadelago
Cientos de personas rindieron un sentido homenaje a los cerca de cien supervivientes que acudieron a los actos de conmemoración de la tragedia de Ribadelago (Zamora), en una carpa ubicada precisamente en la embocadura del Cañón del río Tera, por donde llegaba la tromba de agua aquella madrugada del 9 de enero de 1959 que acabó con esta localidad sanabresa. El recuerdo estuvo también con las víctimas, 144 vecinos del pueblo cuyos cuerpos no pudieron ser rescatados en su mayoría.
Con el himno de España comenzaba el acto institucional, interpretado por la banda de música de Zamora. Después, se leyó un telegrama enviado por el propio príncipe de Asturias, ya que la Casa Real presidía, a petición de los organizadores, el comité de honor. “Quiero unirme de corazón a este homenaje a los 144 sanabreses que perdieron la vida y a los supervivientes de esa tragedia vivida como consecuencia de la rotura de la presa”, rezaba.
El alcalde de Galende, localidad a la que pertenece Ribadelago, fue el primero en tomar la palabra. Jesús Villasante agradeció la presencia de todos y recordó que “hace cincuenta años, esta tierra que pisamos estaba bañada de agua y lodo, pero, sobre todo, de dolor, desolación y miedo. Los ojos quemados por las lágrimas de muchos de vosotros tuvieron que soportar el horror de ver cómo sus familias, padres, hijos y hermanos, eran arrastrados por una ola de muerte que no perdonó a los niños, a los que se llevó con el primer sueño”.
El discurso más emotivo y aplaudido fue el de María Jesús Otero, que se transformó en portavoz de los supervivientes, congregados hoy en un lugar privilegiado de la carpa para rendirles este homenaje. Comenzó su intervención asegurando “lo complicado que es expresar en unos minutos tanto dolor, pérdida e injusticia” y recalcó que lo sucedido hace cincuenta años en Ribadelago “fue una tragedia, no una catástrofe”.
María Jesús quiso destacar que, a pesar de la pobreza, “tanto en dinero como en bienes materiales” por la que se ha caracterizado siempre esta localidad, “tiene un gran tesoro: la naturaleza en la que está inmerso”, por lo que abogó por respetarla y cuidarla para mantenerla. La marcha fúnebre de Chopin puso el punto y final a este acto.