Son muchos los estudios sobre el medio rural de León. Por qué unos pueblos crecen y otros languidecen pese a las millonarias inversiones de planes y programas de las administraciones públicas. Valencia de Don Juan es la cara más positiva de cualquier estudio. Cómo un municipio que no está al lado de ninguna autovía y que tampoco había tenido una industria pujante ha podido convertirse en el gran motor económico del sur de León. La otra cara, la menos positiva, bien podría ser Laciana, donde la única alternativa al carbón sigue siendo el negro mineral. No son, sin embargo, dos situaciones que se puedan medir por el mismo rasero, ya que los condicionantes de Laciana no son los de la ciudad coyantina, ni parten de la misma coyuntura. Laciana tiene una orografía muy compleja y ha quedado excluida históricamente de los grandes ejes de comunicaciones. El carbón fue una fuente de empleo, y lo sigue siendo, pero es necesario empezar a aceptar que Villablino no va a poder mantener el nivel de población que tuvo en los años de bonanza. De todas formas, el potencial de Laciana es indudable desde el punto de vista paisajístico y turístico, pese al destrozo de la actividad minera, y debe seguir apostándose por una vía de alta capacidad si no a la autopista del Huerna sí al Bierzo. Tiene, además, una idiosincrasia especial. Si por algo destacan los lacianiegos es por su capacidad de lucha, como lo han demostrado a lo largo de los siglos. Valencia de Don Juan debe beneficiarse del trazado de las nuevas autovías para convertirse definitivamente en punto de encuentro de una amplia zona, que no tiene porqué detenerse en los límites de la provincia. León es una provincia muy amplia, cuya población no debe concentrarse en dos o tres municipios, como ha pasado, por ejemplo, en Valladolid.