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LAS SECUELAS DEL FRANQUISMO

León también vio huir a ‘El Lute’

El bandolero más conocido de la historia de España quiere borrar su historia. La Crónica le ha localizado para recordar su paso por la provincia

Eleuterio Sánchez vive en Sevilla y ha dejado constancia de sus memorias en dos volúmenes, ‘Camina o revienta’ y ‘Mañana seré libre’. ALBERTO PRIETO (TRIBUNA DE SALAMANCA)

I. Herrera León
Un millón de veces se ha contado la historia de Eleuterio Sánchez, El Lute, un ladronzuelo de poca monta que fue perseguido como uno de los mayores delincuentes de España durante la época del franquismo. Él mismo ha relatado en infinitas ocasiones que su primer delito lo cometió con sólo siete años cuando vivía en Salamanca, ciudad en la que nació en el seno de una familia de mercheros, falta de recursos y sobrada de hambre. La gana le llevó a darle un manotazo y quitarle el bocadillo a un niño bien nutrido que estaba a su lado.
A principios de los sesenta, con apenas veinte años, conocía los sinsabores de la cárcel por primera vez. Seis meses entre rejas por robar un par de gallinas. Luego vendría el golpe que le condenó de por vida; El Lute participaba en un atraco a una joyería de Madrid que se saldaba con un muerto, pero no a mano suya. Aquí nace la leyenda de El Lute, perseguido con empeño por todo el país. En 1964 fue capturado, juzgado y encarcelado. Un consejo de guerra le condenó a la pena capital sin que este ‘muerto de hambre’ –como el mismo se refiere al hablar de sí mismo– tuviera un abogado que defendiera sus intereses. La condena a muerte le fue conmutada por cadena perpetua y de su historia destacan sus dos espectaculares fugas (1966 y 1971).
Fue en una de éstas, en la primera, cuando conoció León. Viajaba esposado de Santander a Madrid y cuando el tren había tocado ya la provincia de Palencia, Eleuterio Sánchez saltó del ferrocarril en marcha. “Lo de llegar a León fue azar. Salté del tren y me puse a correr a campo través cogiendo carreteras, caminos… y después de un montón de días de andar fui a dar, por casualidad, a León. Ahí me recuperé un poco y luego ya seguí dirección Salamanca”. El viaje desde León hasta la capital charra, donde finalmente fue capturado, lo hizo en moto, en una Vespa que sustrajo en León.
Eleuterio Sánchez –nunca se ha reconocido en la figura de El Lute–, que recuerda bien aquel episodio, no había vuelto a León hasta que en noviembre de 2005 cuando un abarrotado hall del Musac escuchaba atento sus aventuras y desventuras en el acto de presentación de la segunda entrega de sus memorias (’Mañana seré libre’).
El que diera sentido a la frase que tituló su primer libro, ‘Camina o revienta’, volvió a caminar por León y reventó el Musac: “Fue una conferencia apoteósica, firmé una cantidad de libros que ni se sabe”, cuenta dejando escapar por el teléfono una sonrisa al recordar aquéllos breves, pero intensos días en la capital del Bernesga. “Además, tengo una anécdota curiosa, porque tras la conferencia se abrió un pequeño coloquio y la gente te pregunta y, en una de éstas, yo conté que tengo dos hijos, que uno se llama Ismael y otro Camino. Pues resulta que luego, cuando estoy firmando libros, se me acerca una niña de unos siete u ocho años, quizá nueve, me da un besito y me dice, yo también me llamo Camino... (Arranca a reír) Y claro, es que en León es un nombre muy corriente...”.
Sus historias por León hacen también referencia a la Cabrera, donde se escondió por algún tiempo durante una de sus huídas. Allí, en una cantina, llegó a compartir cena con 17 guardias civiles sin ser sorprendido.
En esta su segunda visita pudo pasear por las calles leonesas y empaparse de su gastronomía, sus tradiciones y su monumentalidad. “Me recomendaron ir al Barrio Húmero y así lo hice. Estuve callejeando, tomando unos vinos por los bares, unos me conocían, otros no. La verdad es que tengo un buen recuerdo de León, me gustó mucho, la gente me pareció muy auténtica”.
Pero hablar con Eleuterio Sánchez y no retrotraerse a los años de El Lute es casi imposible. Su vida está marcada por ese pasado, por 18 años de encierro “y en las cárceles de Franco, ojo, que no tienen nada que ver con las de la democracia; yo estoy vivo de puro churro, vamos”. Insiste en que 18 años son muchos años, “en cualquier cárcel, por supuesto, pero en las cárceles de la dictadura más; por las humillaciones, las torturas... y tantas otras cosas, está el divorcio social, el divorcio familiar, cuando salí de prisión mis hijos tenían ya veinte años”. En fin, dice, “tienes que aprender a vivir, no hay más remedio que adaptarse porque la vida continúa”.
Y, sin querer, se le formula a Eleuterio la pregunta del millón, como él dice: “¿Qué queda en Eleuterio Sánchez de El Lute?”. Contesta convencido: “Yo nunca me he considerado El Lute porque El Lute es el mito, es una leyenda, es el personaje que se crea sobre una persona llamada Eleuterio Sánchez, pero éste, de valiente, de héroe y de mito, nada, Eleuterio es la persona de carne y hueso, antropomórfica, que no ve las cosas de esa manera.
Quiera o no, la leyenda de El Lute camina con él y ha aprendido a querer a este personaje que representa la dureza y la (in)justicia del franquismo y cuya historia caló en toda España.
A Eleuterio Sánchez le concedieron un indulto particular en 1981 cuando aún le quedaban doce años de cárcel por cumplir según la sentencia emitida por el consejo de guerra. “A mí no me aplicaron el decreto de amnistía del 77. Yo vi cómo los terroristas salían de la cárcel. Yo salí en 1981 por un perdón. Se dio un indulto particularen el marco de un sistema democrático, con un Gobierno constituido mediante elecciones libres, a un señor que fue condenado por una ley político-represiva de Franco. En ese momento nadie pensó en el disparate que se cometía, simplemente dijeron ‘oye, este hombre no se puede quedar en la cárcel’, pero ¿perdonarme? Con ello se estaba entrando en connivencia con el franquismo”.
Y para resarcir todo lo ocurrido en el pasado, Eleuterio Sánchez iniciará ahora un proceso que limpie su nombre, el nombre de Eleuterio Sánchez, “un hombre que no mató a nadie, ni hirió a nadie, un hombre que no era más que un muerto de hambre como tantos otros que había en España en esa época”.

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