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SOCIEDAD / Celebración en la Residencia El Robledal de Matachana

Homenaje al centenario Tomás Fierro

La familia del protagonista organizó ayer una fiesta para disfrutar de sus 100 años de vida

Parte de la familia del homenajeado, Tomás Fierro Gómez, acudió ayer a la fiesta en la residencia de Matachana. GAZTELU

A.R.L. Ponferrada
Tomás Fierro Gómez apagó ayer las velas de su cien cumpleaños, una ocasión en la que su familia quiso rendirle homenaje por todo el trabajo y dedicación llevados a cabo a lo largo de sus muchos años de vida. Emocionado, el homenajeado compartió su alegría también con los residentes y trabajadores de la Residencia El Robledal, en Matachana, donde vive y recibe cuidados y atenciones desde hace unos dos años.
Trabajador infatigable, Tomás Fierro forma parte de la historia de Ponferrada y, por ello y por muchas otras cosas es y será recordado siempre. Nació en Villalibre, aunque vivió muchos años en Rimor, desde donde se trasladó, una vez casado con su ya fallecida esposa, Engracia Martínez, hasta Flores del Sil. Fue en el año 35 y su casa era la número 4 del barrio. En su fresco patio, bajo la frondosa higuera, su pozo de agua abasteció en numerosas ocasiones a una Ponferrada en la que este preciado bien escaseaba en ciertos momentos. Incluso llegó a usarse el agua de su pozo para elaborarse aquella gaseosa de entonces, la Mateila, cuando la fábrica se quedaba sin materia prima.
Trabajó en el calero de Rioferreiros y después, durante once años, en la MSP haciendo diversos trabajos. Finalmente, hace unos 60 años decidió independizarse laboralmente y comenzó, poco a poco, a hacerse un nombre en el mundo de la construcción, en el que realizó trabajos de transporte de agua y otras mercancías para la construcción, por ejemplo, de la presa del pantano de Bárcena o de los muros del trazado de Renfe entre La Placa y Ponferrada, tal y como recordaba ayer uno de sus hijos, Aladino Fierro.
Amante de la tierra, enamorado de la agricultura y de los valles bercianos, “nos llevaba muchas veces a lo que ahora es el mirador de Santalla para ver esas llanuras que tanto le gustaban”, señalan sus descendientes. Infatigable trabajador, amigo de sus amigos y berciano de pro, siempre hizo gala de una fina inteligencia y una incansable energía que le permitió usar la moto hasta los 90 años, momento en el que un accidente le redujo de forma importante la movilidad.
Sus hijos Amelia, Aladino, Walter y Argentina celebran ahora el cien aniversario del cabeza de una familia a la que ya se han unido nueve nietos y otros tantos biznietos. Parte de ellos pudieron gozar ayer, un día después de su 100 cumpleaños, de la compañía del abuelo más anciano de la Residencia El Robledal.

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