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FÚTBOL / Segunda División B (Ponferradina B, 2 - Guijuelo, 0)

La Deportiva recobra la alegría

Dos goles de Rubén Vega y Jonathan Valle premian el buen juego de los blanquiazules

Rubén Vega celebra su tempranero gol en medio del desconcierto de la defensa del Guijuelo. GAZTELU

Javier Santiago Ponferrada
Prácticamente a la misma hora en la que hace siete días tronaban los pitos, empezó a sonar el ‘A Ponferrada me voy’. Y así, después de un partido similar y de una victoria parecida, los nervios de hace una semana se convirtieron en la alegría que se echaba de menos en El Toralín.
Una vez más, el fútbol sirvió para demostrar que en la vida lo negro puede convertirse en blanco a la velocidad de la liebre. Las mismas gargantas que trituraban a Ángel Viadero el domingo pasado, lanzaban música ayer al compás del convincente juego del equipo, que cuajó ante el rocoso Guijuelo uno de los partidos más completos de la temporada.
La Ponferradina ha reencontrado su estilo y el público se ha reencontrado con el equipo. Ayudó a lanzar la fiesta el hecho de que esta vez los blanquiazules aseguraron la victoria antes del final y evitaron los nervios de última hora. Porque, como ante la Real B, el equipo generó ocasiones, defendió con solvencia y dejó momentos brillantes.
El primero lo desató Portilla levantando su mano. Se disponía a sacar una falta y tiró de manual. Con ese gesto desempolvó una de las jugadas que se ensayan en los entrenamientos y casi nunca salen a la hora de la verdad. Desde lejos envió el balón a un rincón del área que parecía intrascendente. Allí surgió De Paula, tan potente a la hora de rematar como inteligente a la hora de participar en el juego colectivo. Siguiendo el guión previsto, envió la pelota al alma del área y allí estaba Rubén Vega para celebrar su reaparición goleando.
Era el minuto nueve y la Ponferradina se encontró con la mitad de los deberes hechos y con un mundo por delante para vencer a los miedos, reivindicarse y lograr un triunfo de mérito ante el más inmediato perseguidor. Hubo tiempo para todo. Los amigos de las dudas pudieron temer por la victoria hasta que no llegó el segundo tanto y los que prefieren ir al fútbol para disfrutar tuvieron ocasión de deleitarse con momentos de juego brillante.
Esas dos últimas palabras parecen fabricadas para Jonathan Valle. Se trata de un futbolista que huye de lo fácil. Cada vez que entra en contacto con el balón es capaz de todo, menos de la vulgaridad. A veces hace cosas desesperantes, pero, a cambio, ofrece momentos sublimes. Como ese disparo sutil lejanísimo que salvó por los pelos el portero del Guijuelo. O los innumerables quiebros o pases a espacios inverosímiles.
Como los buenos genios, ayer regaló lo mejor y lo peor. Firmó el gol definitivo tras recibir un buen pase de Fran que redondeó despachando a un defensa y colocando la pelota en la esquina perfecta de la portería. Y se auto expulsó con un cabreo innecesario ante una falta intrascendente que el árbitro, sensible ante el vocabulario, pero insensible ante el buen fútbol, castigó con la roja directa, fría como un navajazo en medio de la alegría recobrada de la tarde.
Antes había debutado Platero, que quiso dejar un saludo con clase y tocó de rabona su primer balón. Un buen inicio que clausuró a lo genio con un remate de espuela que luego Portilla convirtió en un gol anulado por fuera de juego.
Y el brillo del mágico Valle, del constante Fran, del sobresaliente Rubén Vega y del esperanzador Platero, restó aplausos a la solvencia de una defensa que por fin se parece a lo que debe ser. El Guijuelo dispuso de varias ocasiones claras para modificar el marcador, pero fueron islas en medio de la impecable labor de la zaga y el portero. Así, el equipo fue marcando el camino de lo que debe ser su futuro y en la grada y en el campo por fin reinó la escurridiza e inconstante alegría. Que dure.

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