Hasta que estalló la crisis económica, la conciliación de la vida laboral y familiar se había convertido en el gran objetivo de las administraciones públicas en los centros de trabajo. Un loable objetivo que sigue en pie y que necesita de fondos públicos para salir adelante. Pero no sólo en las ciudades y los polígonos industriales deben tomarse estas iniciativas. El medio rural también necesita guarderías y centros de atención para los más pequeños. En las ciudades lograr una plaza en un centro público es casi una tarea imposible. La demanda supera ampliamente a la oferta. En los pueblos, en cambio, el problema es que no hay plazas, o si las hay son pocas o es necesario trasladarse varios kilómetros. Salvo algunas excepciones, como puede ser el caso de Gordaliza del Pino, que dispone de una guardería pública pese a su baja población, en la mayoría de los casos los padres se quedan sin poder mandar a sus hijos a una guardería simplemente porque no hay. Mientras la vida en el campo no cuente con los mismos servicios de calidad que los habitantes de las ciudades, los pueblos estarán condenados a la despoblación porque quien pueda se irá en búsqueda de mejores alternativas para sus hijos. Las guarderías, como la calidad de la educación o los medios de la sanidad rural, son ejes fundamentales para asentar población en el medio rural. Y León tiene un territorio muy amplio con graves carencias. Sólo 500 plazas de guardería. Aunque las administraciones locales están realizando un gran esfuerzo, queda por delante todavía mucho trabajo. La Junta debe apostar por este tipo de iniciativas para que ese medio rural cuente con un nivel comparable a las ciudades. Mientras no sea así, la gente se irá.