Ahí donde lo ves, el buen paisano de la foto es para el Ayuntamiento un delincuente con bicicleta de paseo y retrovisor. Insisto, sólo para el Ayuntamiento.
Ya sé que para el ciudadano de a pie las gentes que le llevan comida a las palomas son unos tipos entrañables, pero ¡ay amigo! para la ordenanza municipal eso es otra cosa. Ya sé que para casi todo el Polígono X era una estampa incluso tierna la del pobre que cada tarde esparcía migas de pan alrededor de su banco y se quedaba allí hablando con las palomas que pronto le rodeaban. Como tantas otras en ‘su plaza’, como tantas imágenes similares en cada barrio.
Ni el más leve castigo para quien es incapaz de quitar los montones de nieve (hoy ya hielo) que primero acumuló en aceras y cruces, pero el ‘delincuente’ de la bicicleta de paseo puede tener hasta 750 euros de multa.
Para desprestigiar la calidad humana del bueno de Ataulfo, el comunista de los carteles, sus enemigos recalcitrantes hicieron correr la historia de que le había dado gañote a una paloma de la plaza para condimento del arroz. Mal tipo debía ser quien no quería a las simpáticas palomas.
Hoy, la ordenanza condena a las palomas a sufrir la crisis y convierte en delincuente a quien las alimenta.
Cosas del Ayuntamiento.