La verdadera historia de la muerte de Jenaro Blanco Blanco, ‘Genarín’
Imagen de ‘Genarín’ que cada Viernes Santo se procesiona por las calles de León. M. MARCOS
Fulgencio Fernández León
Alas diez de la mañana aproximadamente venía por el Espolón la camioneta-automóvil del servicio de limpieza, conducido por el chófer José María Sáez del Canto, de 19 años, domiciliado en la calle Puertamoneda. Al tomar la curva frente al arco de la Puerta Castillo para entrar en la carretera de los Cubos de las Carreras, y sin duda por la velocidad que llevaba, el conductor perdió la dirección del coche y después de describir un rápido zig-zag fue a estrellarse contra la muralla, cogiendo por delante al conocido vendedor y comprador de pieles de liebre y conejo Jenaro Blanco Blanco, de 64 años, domiciliado en Puente Castro, que quedó aprisionado entre el vehículo y la pared. Tan graves lesiones sufrió, que debió morir instantáneamente. Para identificar el cadáver fue preciso separar la camioneta, la que por efecto del choque sufrió graves desperfectos”.
Este es el minucioso relato que el periódico La Democracia, dirigido por Miguel Castaño, hace de la muerte del que entonces era ‘un conocido pellejero’ y después convirtió en un mito y un santo “un jocoso grupo de cuatro amigos que mezcló, en un crisol muy Húmedo y local, diferentes dosis de socarronería, imaginación, esperpento, humor, poesía, mala leche, bufonería y el ingrediente mágico de una copina de orujo”, que así explica el nacimiento del mito el historiador y periodista Juan Miguel Álvarez Domínguez, en un jugoso artículo que recoge el último número de la revista Argutorio.
Sólo pretende Álvarez Domínguez indagar en la realidad del mito. Completar la broma de los ‘cuatro evangelistas’ y “el relato legendario brillantemente escrito con fidelidad al mito y a la esencia genariana por Julio Llamazares.
Recuerda que había entonces dos periódicos, El Diario de León y La Democracia, y el mito nació de la escasa información que ofrecía el primero de ellos, que se limitaba a un escueto “un hombre muerto por una camioneta” y poco más aunque, eso sí, haciendo honor a su condición de ‘católico y de orden conservador y monárquico’ añade que “Genaro fue reconfortado con la administración de la Extremaunción subconditione” y pide que “Dios en su infinita misericordia haya perdonado al difunto”.
La Democracia, además de lo apuntado, añadía que con el chófer iban otros dos empleados, que sufrieron heridas y fueron atendidos en la Casa de Socorro e, incluso, que “parece ser que dos niños estuvieron a punto de ser alcanzados por la camioneta”.
La esquela de La Democracia iba acompañada de la de su esposa, fallecida 12 años antes, y en la que se desvela que tenía cuatro hijos y tres nietos.
Los datos tan precisos de la muerte del pellejero, lo cruel de la misma y el hecho de que hubiera que separar la camioneta podría romper la leyenda de la ‘verónica’ que salió a asistirlo y de cómo su cara ensangrentada quedó impregnada en el paño blanco. Pero no rompe nada. Sólo es otra aportación que el propio autor del reportaje, Juan Miguel Álvarez, explica: “Sólo espero que estos datos, escritos en tono jocoso pero amable, sean una modesta contribución a la vida de fábula y esperpento del cuento genariano”.