Cuenta el fraile dominico Diego Durán, (1537-1588), que Tlaloc era el dios del agua de la mitología mexicana. Tuvo por compañera a Chalchiutlicue, diosa de los mares, lagos, torrentes y ríos. Afirma el cronista Fernando de Alva que Tlaloc era una especie de alcalde del valle de Anahuac, antes de que los aztecas le convirtieran en dios. ¿Lo van pillando? Pues bien, según expertos cronistas e historiadores de nuestro tiempo, estos dioses del agua decidieron un día reencarnarse en dos personajes de nuestra historia contemporánea leonesa, dándose en llamar Tlaloc Pacofer, que ha llegado a ser alcalde de la ciudad, y, agárrense ustedes, Chalchiutlicue Chamorro, vicealcalde. Eso sí, esta última cambiándose de género. Y ¡asómbrense ustedes! Al ser dioses del agua, pues, han decidido venderla, sin tener en cuenta que el agua es un bien indispensable para la vida y que pertenece a todos los leoneses y leonesas. Y, ¡vuelvan ustedes a asombrarse! Dicen que lo tiene que hacer para sacar de la ruina al Ayuntamiento. Pero ¿cómo se puede tener tal grado de cinismo? Claro, recuerdan que ya anteriormente les relaté como el griego Antístenes, fundador de la escuela cínica, se reencarnó, también, en la figura de nuestro corregidor. ¡Dioses del agua! si sois incapaces de encontrar otros recursos que no sean venderla para paliar la ruina, después de todo el tiempo que llevan gobernando, pues váyanse, reconozcan su inutilidad y dedíquense a otra cosa, pero no nos la vendan, no permitan que se especule con ella. Los ciudadanos deben saber que el Servicio Municipal de Aguas es el único servicio del Ayuntamiento que produce grandes beneficios, que tiene un extraordinario superávit, siete millones de euros, que se autoabastece, que tiene una de las tarifas más bajas de toda España, que se ocupa de su propio mantenimiento de red y centrales depuradoras y de potabilidad, que se puede permitir que ciertos estamentos sociales, edificios dedicados a lo social y determinadas familias con escasos recursos se beneficien de ella gratuitamente, que cuenta con una magnífica plantilla de trabajadores y que es un ejemplo de buen funcionamiento. No nos la vendan, ¡Oh dioses del agua!, hagamos todos una gran ceremonia, escuchen nuestra plegarias, tengan en cuenta nuestros sacrificios, dejen tranquilos, de una vez, nuestros bolsillos, conviértanse en humo, y … esfúmense.
Rafael Pérez Cubero es concejal del Grupo Municipal del PP