Ni la nieve, ni el frío desalentaron a los miles de vallisoletanos que salieron en defensa de los puestos de trabajo en Fasa e indirectos. Un tejido industrial que no alcanzamos en León y que, unido al impulso político –sin despreciar la leyenda urbana del obispo Almarcha– hizo de Valladolid la perla de la Comunidad.
Desde entonces son muchos los leoneses que miraron a la ciudad del Pisuerga en busca del trabajo que León les negaba. Yo mismo recuerdo, acabada la carrera, trabajé unos días en una céntrica librería; el problema, que medió el divorcio de los dueños, dejando la empresa en la cuerda floja. Le dije adiós.
Otra ocasión fue por un anuncio de prensa. En un destartalado y céntrico hotel, junto a otros incautos, nos recibió un ejecutivo de la empresa en cuestión. No lo aseguro, pero no me extrañaría que en aquel aquelarre estuviera el joven Madoff, donde habría aprendido el juego de la pirámide, que tan buen resultado le dio posteriormente.
El ejecutivo, con unos gráficos, iba engatusando al personal, que ya se veía al frente de un grupo de cinco neófitos, antes de empezar. Yo, que iba resabiado, por cortesía, no salí al momento, pero, una vez desconectado, reparé en el atuendo del empleador que a juzgar por lo raído y lo raquítico, parecía de su primera comunión, con las mangas por encima de la muñeca y los pantalones mostrando las canillas cubiertas por unos blancos calcetines. Y... ¿éste –me pregunté– es el que nos va a hacer ricos?
Lo digo porque, en tiempos de crisis, este tipo de gente que se aprovecha de la desesperada necesidad de trabajo, sale como los caracoles tras la lluvia. Así pues, me levanté, salí sin despedirme y, directamente, me dirigí a la cola del paro. Así fue como, sin saberlo, dije no al Fórum Filatélico.