Estudios científicos avalan el daño que supone esta práctica en otros lugares
Los opositores han salido a la calle en varias ocasiones para defender el derecho a respirar un aire limpio. MAURICIO PEÑA
Estefanía Niño La Robla
La futura e inminente implantación de la valorización energética de residuos en la cementera Tudela Veguín de La Robla ha generado polémica y todo tipo de reacciones. Lo cierto es que se trata de una actividad relativamente nueva y, por lo tanto, muchas dudas se ciernen sobre los efectos nocivos en la salud humana o en el medio ambiente.
En junio de 2008 la Dirección General de Prevención Ambiental y Ordenación del Territorio de la Junta de Castilla y León hizo pública la autorización ambiental a Tudela Veguín para la instalación de fabricación de clinker y cemento en La Robla. Con la autorización también salió a la luz una guerra entre los ciudadanos que están a favor y en contra del proyecto, así como el rechazo de partidos políticos y grupos ecologistas. Manifestaciones y conferencias fueron el motor de un movimiento popular en contra de la quema de residuos en la localidad.
Estudios científicos y médicos a nivel internacional promueven el principio de precaución ante esta desconocida actividad y sus efectos. Además, existe un elevado número de informes, y de casos reales, en contra de la incineración de residuos en cementeras. Las agrupaciones, unidas de forma conjunta en Alianza Global por Alternativas a la Incineración (Gaia) han elaborado el informe ‘Incinerando el futuro’, redactado en 2008, en el que se analizan los factores nocivos derivados de está práctica, con ejemplos de casos reales a nivel mundial.
En el informe se apunta que las industrias promocionan su tecnología como la solución para lidiarcon la creciente cantidad de basura que se genera, como el método más moderno para tratar los residuos sin contaminar. Sobre esta afirmación desde Gaia se sentencia que “no existen máquinas mágicas que hagan desaparecer la basura y, la incineración, lejos de ser una solución es una fuente de nuevos problemas”.
Basándose en que‘la materia no se crea ni se destruye, solo se transforma’, recalcan la aparición de nuevas sustancias tóxicas como consecuencia de la incineración de residuos, dibenzodioxinas y dibenzofuranos. Además de los daños directos en la salud humana, el informe relata otros efectos nocivos. La contaminación de los alimentos es uno de los puntos que se alegan desde Gaia, desde donde se recalca que “un estudio en la carne de los pollos criados en el vecindario de un incinerador de residuos en la República Checa detectó la presencia de dioxinas y furanos en niveles que superaban los permitidos por la Unión Europea y la Organización Mundial de la Salud”.
El informe destaca que la incineración destruye los recursos naturales, paraliza otras alternativas de reciclado, destruye el clima y genera de residuos de carácter peligroso.