Nos llega el agua al cuello. Mientras, en Valladolid, los Príncipes inauguran el mejor hospital de la Comunidad, vamos a dar dinero para la automoción y el proyecto de Ikea puede ser de interés regional. Aquí, la reforma del Hospital se eterniza, nadie mira para los trabajadores afectados por EREs y el comercio cierra todos los días. Estamos en crisis. Y encima, Óscar López propone que todas las estaciones se esquí se promocionen desde la Junta, como si el dinero invertido por la Diputación durante 30 años no haya servido para nada. Estamos con el agua al cuello por el modelo de ciudad que se ha construido durante décadas. Al PSOE le ha tocado bailar con la más fea, pero Francisco Fernández no tiene toda la culpa. A Fernández le ha tocado bailar con la más fea para que el barco no se hunda. En León, todo el mundo ha querido trabajar en el Ayuntamiento. Era el chollo con el PP, lo fue también con De Francisco, UPL no se quedó atrás y los socialistas no han querido ser menos. Estamos con el agua al cuello, pero no va a ser suficiente. Y cuando ya no quede nada que privatizar, ¿qué hacemos? Los solares ya no valen nada, y el leonés se cansa de pagar impuestos, ver ese trasiego a la puerta de Ordoño, y ya no digo de cómo está la ciudad: jardines, calles... El Ayuntamiento de León ha llegado hasta donde ha podido, pero la vaca ya no da más leche. El problema no es Valladolid. El problema es este León que ha querido vivir como la cigarra, al sol que más calienta.