Sólo desde la ignorancia, la manipulación o el miedo tiene explicación y sentido la apatía de la sociedad ponferradina, ante el latrocinio que algunos políticos están llevando a cabo con su acción política. Es fácil comprobar como el individualismo, la carencia de valores, la codicia y el débil compromiso con lo público y con el bien común, nos ayudan a retirar nuestra mirada del cúmulo de injusticias sociales que imperan en el Bierzo y que forman parte integrante de nuestra cotidianidad, y es así, desde la impunidad y la desvergüenza, como se entiende que, en la inauguración de una obra pública en la pedanía ponferradina de San Cristóbal de Valdueza, el concejal ponferradino y paleoantropólogo Darío Martínez (defensor de la curiosa teoría que dice que fue la grasa y no la rueda el motor fundamental del desarrollo humano) y el especulador que espera dar un sustancioso pelotazo en dicha pedanía se dedicaran ha cuchichear durante todo el acto, con todos los medios de comunicación comarcales como testigos. Y solamente desde la falta de decencia, del antedicho especulador, se entiende que exigiera, en dicho acto, a un miembro de la Junta Vecinal de este pueblo, que se agradeciera a este concejal la obra realizada, dándole a entender que las obras públicas son concesiones caprichosas y no derechos ciudadanos.
El caciquismo pervive en el Bierzo. Lo que distingue al cacique del siglo XXI al del XIX es que no utiliza fondos privados, gestiona dinero público. Y lo gestiona mediante mecanismos adaptados a este territorio marginal y marginado, como si fuera su patrimonio y asigna los gastos, no en función de la eficacia de las inversiones o de las necesidades reales de la población, sino sufragando lo que es necesario para mantenerse en el poder.