Laurentino Corral puso acento leonés al rally más mítico del planeta
El piloto lacianiego intenta superar un obstáculo durante una etapa del Dakar sudamericano.
Nacho Sáenz de Pipaón León
Laurentino Corral (Villablino, 8 de diciembre de 1963) puso acento leonés al Dakar 2009. Un sueño que el lacianiego tuvo que aplazar un año por las amenazas terroristas que obligaron a suspender la edición de 2008 y que, asimismo, aconsejó el cambio de escenario de las dunas de África por los paisajes más inhóspitos de Chile y Argentina.
“Hace tiempo que estaba detrás de este tema, y para mí era una obsesión”, reconoce Laurentino Corral, que se llevó una desilusión tremenda cuando el pasado año se quedó en tierra tras la suspensión del rally más mítico del planeta. “Iba a ser el copiloto en un camión que daba asistencia al piloto parapléjico, Toñejo, pero por las amenazas de Al Qaeda se suspendió la prueba y nos quedamos tirados en Lisboa”, recuerda. Entonces, para ‘matar el gusanillo’ participó con el propio Toñejo en el rally Hungría - Rumanía con un camión 6x6, en una primera gran experiencia en la competición como copiloto de Toñejo, y que fue una aventura porque el propio Toñejo no tenía experiencia en la competición.
La fortuna que le faltó en la edición de 2008 la tuvo en los preparativos del rally que tendría por primera vez como escenario Sudamérica. Laurentino Corral contactó con el que hoy día es un gran amigo, Rafa Tibau, que le proporcionó un camión para correr la Baja España Aragón, donde calibraría sus posibilidades y, además, le serviría de entrenamiento para el Dakar 2009. “En la Baja España participé con un camión que me dejó un amigo catalán que era más para llevar cemento a las obras que para competir”, rememora. En esta prueba sufrió mil y una peripecias, y en la penúltima prueba tuvo un percance cuando se rompió un soporte de sujeción de la cabina, aunque a base de tesón logró acabar la prueba.
Competir en el Dakar 2009, eso sí, era otra historia. Un equipo oficial de camiones tiene un presupuesto que ronda los dos millones de euros, un presupuesto modesto está en el abanico comprendido entre los 120.000 y 150.000 euros, “un coste que era inadmisible para mí”, confiesa Corral.
De este modo, para competir no le quedó más remedio que buscar financiación y la encontró ejerciendo de camión de asistencia del Russia’s Team, con lo que el coste de esta aventura ya pasó de astronómico a la cantidad asumible de 30.000 euros. “Con los rusos formamos un equipo compacto, quedaron muy contentos y creo que para la próxima edición nos vuelvan a llamar”, explica Laurentino Corral, quien, por tanto, quiere volver a disputar esta mítica prueba porque “es adictivo, es algo que engancha”, subraya.
Con Antonio Agra (copiloto) y Oleg Uperenko (mecánico) logró acabar la mítica prueba en la quincuagésima segunda posición, una plaza anecdótica porque lo importante era acabar. Laurentino Corral lo consiguió. Y cuando llegó a la última especial suspira su compañero Operenko: “I don’t believe”. Y Corral le enseñó a decir en español: “No me lo creo”.