Esta semana todos han sido Izaskun y aunque reiteran la dificultad para encontrar empleo, ellos lo han logrado
Carlos ya es veterano en la empresa y poco a poco ha ido ampliando sus funciones. J.M. LÓPEZ
I. Herrera León
Su arrojo y soltura la convirtieron en la protagonista de la entrevista ciudadana televisiva al presidente del Gobierno. Izaskun Buelta tiene 32 años y síndrome de Down. En su intervención, esta joven transmitió a José Luis Rodríguez Zapatero las dificultades que, aún hoy, en la era de la integración, encuentran las personas con discapacidad (bien sea física, psicológica o sensorial) a la hora de acceder a un puesto de trabajo. La ocasión la pintan calva e Izaskun la vio clara la noche del martes, así que no perdió la oportunidad de pedirle trabajo al mismísimo presidente del Gobierno que acogió su solicitud con gran interés como ella misma explicó posteriormente a distintos medios de comunicación.
La integración avanza, pero está lejos de ser plena. Es la opinión de Izaskun, pero la comparten muchas otras personas que, como ella, conviven con algún tipo de discapacidad. Según las cifras facilitadas por Amidown León, a 1 de enero de 2007 en la provincia había 325 personas con síndrome de Down, 193 hombres y 132 mujeres. El reto de la sociedad es trabajar por su integración, pero previamente hay que trabajar en la autonomía de estas personas, en dotarlas de herramientas y recursos para sumergirse en el mundo laboral.
No es corriente aún ver en las empresas empleados con algún tipo de discapacidad, pero haberlas, haylas. Bea, Bairon, Silvia, Jorge o Carlos son algunas de ellas, trabajan en distintas firmas e instituciones en la capital leonesa y si algo irradian es felicidad. Desarrollan su trabajo con esmero, con afán de superación, con el mismo interés y coraje que pusieron el primer día. Ninguno de ellos es capaz de soltar una sola queja y, por lo visto, tanta satisfacción es contagiosa. Cuentan sus compañeros que no hay día negro con ellos al lado, que llegan siempre vestidos con su mejor sonrisa y que destacan por su corrección. Bea, Bairon, Silvia, Jorge y Carlos, todos ellos disfrutan con su trabajo y aseguran que sumarse a la ‘normalidad’ con un empleo ha influido muy favorablemente en sus vidas.
No es caridad, es justicia. Se preparan, estudian, hacen prácticas. Pero a la hora de acceder al mercado laboral lo tienen todavía más difícil que una persona sin ninguna discapacidad, que ya es decir. Las leyes han avanzado en este aspecto, pero su eficaz cumplimiento requiere actuaciones que van más allá del papel, pues, como explican desde Amidown, no se trata únicamente de que a un joven con síndrome de Down –hágase extensible ésta a cualquier otra discapacidad– le reconozcan el derecho a escolarizarse en centros ordinarios, pues sin una ayuda, un apoyo específico, la ley se hace en vano. La presidenta de la asociación leonesa, Aurora Salguero, entiende que la ley debe venir acompañada de una fuerte inversión, e inversión es la palabra clave pues el desembolso que puede suponer poner los medios para dotar de autonomía a una persona con discapacidad, en su mayoría dependientes, acaba por reportar un activo más al mercado del empleo, que cotiza, que se labra un futuro y que, en su momento, podría no requerir tantas prestaciones públicas. En definitiva, se trata de prevenir o de curar.
Con este objetivo, el de prevenir, nacía la asociación de amigos del síndrome de Down, Amidown, de León. En 1995, padres y profesionales iniciaron un camino cuyo destino es la búsqueda y consecución de la plena integración social de las personas con síndrome de Down. Desde entonces han ido ampliando sus campos de actuación y en el año 2004 iniciaban un proyecto de empleo con apoyo que completaba el programa de formación y empleo (uno de los que desarrolla Amidown), que está dirigido tanto a socios como a no socios, empleados o desempleados, de entre 16 y 35 años con síndrome de Down o discapacidad intelectual afín. Este programa arranca con una fase de evaluación y orientación dirigida a la familia y a la persona con discapacidad. Con toda la información en la mano, se decide si continuar o no con el programa. La segunda fase es la de formación en la que se trabaja para proporcionar una continuidad en la formación y dotarles de una cualificación profesional mediante programas de garantía social para alumnos con necesidades educativas especiales, talleres prelaborales, reciclaje y perfeccionamiento y prácticas en empresas.
Al tiempo, se trabajan las habilidades adaptativas de los jóvenes para mejorar los niveles de autonoía favoreciendo su independencia y tránsito a la vida adulta. Una vez preparados es el momento de incorporarse al mercado, es la fase de empleo con apoyo que persigue la incorporación laboral normalizada mediante la provisión de apoyos dentro y fuera del lugar de trabajo. Desde Amidown se les ayuda en la búsqueda de empleo, acompañamiento y seguimiento laboral durante el tiempo que sea necesario, así como apoyo a familias y empresas durante el proceso de incorporación.
Así han conseguido empleo los cinco jóvenes que cuentan su experiencia en estas páginas. Un trabajo al que han accedido por méritos propios y en el que se han ganado el cariño, el respeto y la admiración de sus compañeros.