UNA IMAGEN Y 219 PALABRAS

Guardianes de soledades |
Permanecen casi solos en sus pueblos semivacíos. Ven desde las ventanas las vacas caminar entre la nieve, las yeguas comer escobas, los coches que entran al pueblo y saben quién va dentro: la panadera, El Fresquito (que es el pescadero), el frutero, el de las camisas de cuadros, uno que viene a echar de comer a las gallinas... incluso algún desconocido, rara vez, “es un coche de La Crónica”. La puerta siempre está abierta, la cocina ‘prendida’, la cazuela sobre la chapa y olor a pueblo y hogar. “Son manos de cerdo, si os queréis quedar. De momento voy a sacar un vino y cortamos algo de chorizo”. César es uno de ellos. Uno de los últimos habitantes de Genicera. Mira desde la ventana de casa de Vitalino, su patrón primero, su amigo siempre, su hermano ahora que son dos jubilados que viven juntos. Llegó hace muchos años desde su Asturias natal. Buscaba cómo sobrevivir y encontró cómo vivir. Es uno más del pueblo y la casa, conoce todos los secretos, recibe a las visitas, habla con todo el mundo y, a poco que se lo pidas, saca del armario dos sencillas tablas que él mismo se ha hecho y a las que arranca música y ritmo. Buena gente. —¿Cómo vais a marchar ahora que llega la hora de comer? |
![]() Mauricio Peña |
![]() Fulgencio Fernández |
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