Los cubanos afincados en León aseguran que la imagen que se ha exportado de Fidel no es la que tienen en la isla
I. Herrera León
Con medio siglo de perspectiva, Cuba sigue creyendo en la revolución. Su triunfo, dicen los hijos del movimiento insurgente, marcó un antes y un después en el devenir del pueblo cubano porque “Cuba antes era prác- ticamente el burdel de los Estados Unidos”. Mario Verrier, que tenía 13 años cuando se produjo el levantamiento contra la dictadura de Batista, dice que fue una necesidad, “había un gobierno lleno de arbitrariedades, robos… Cuba se había con- vertido en la antesala de la mafia norteamericana que pretendía hacer de Cuba un paraíso fiscal y un centro de juego”. Mario era joven y, siguiendo el ejemplo de su padre, se integró en la revolución, se unió a todos los movimientos, participó en la campaña de alfabetización, más adelante se adhirió a la Unión de Jóvenes Comunistas… Y cincuenta años después alude a una canción cubana para definir la situación de su país “el cuartito está igualito”.
Un estancamiento económico que los cubanos afincados en León achacan a diversas causas, entre ellas el bloqueo impuesto por EEUU y la dependencia que Cuba mantenía con el bloque soviético, ha frenado el desarrollo del país, pero la llama de la revolución continúa encendida, el liderazgo de Fidel Castro y su equipo no se cuestiona y el orgullo de los cubanos está intacto, “para los cubanos Fidel es dios”, dice María Emilia Reyes –hija de un combatiente en la revolución– que asegura que “por muchas manchas que le quieran ver al sol, ha hecho mucho por la humanidad”. “No tendremos recursos económicos, pero sí un sistema educativo, sanitario… gratuito y universal”, dicen colmados de satisfacción.
Pero al pueblo cubano no le gusta que nadie infiera en sus asuntos, “los problemas de Cuba y los cubanos los tienen que resolver Cuba y los cubanos”, y en esto coinciden todos los interrogados, no permiten que nadie dirija su país, que nadie cuestione sus decisiones, sólo ellos critican y alaban sus circunstancias.
Para Cuba el recién nombrado presidente norteamericano también es una esperanza, “es una esperanza a que se suavice un poco la tensión entre ambos países, a que se minimice o elimine el bloqueo a la isla, el cierre de Guantánamo es ya uno de los aspectos puntuales que ayudaría a relajar esa tensión”, afirma Marta Frederick.