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¿ENTONCES? / David Rubio

No espor nada

Cada vez que una persona salpica su discurso adelantando una excusa del tipo “con todos los respetos”, en la frase siguiente se pasa el respeto por los lugares menos irrespetuosos del cuerpo humano. Cada vez que una persona dice “no me quiero comparar con nadie”, a continuación no tiene reparos en comparar a Dios con un gitano. Cuando alguien dice “salvando las distancias”, pasa, obviamente, a saltarse todas las distancias posibles en el tiempo y en el espacio. Si “no es por nada”, demuestra después que siempre es por algo. Si lo que se adelanta es “no quiero que se me malinterprete”, suelta a continuación una frase que lleva toda la mala intención posible. “No me quiero meter en la vida de nadie” es otra de esas licencias lingüísticas que se concede a sí mismo el que habla, para a continuación meterse en la vida del otro hasta el fondo del pasillo. Esta última frase es pariente cercana de “no tengo que decirle a nadie lo que tiene que hacer”, diciendo posteriormente, punto por punto, lo que se debe hacer. De esa rama también procede “no es por meterme donde no me llaman” y luego meterse sin ser llamado, o “no soy quién para juzgar” y soltar una sentencia que termina haciendo que Garzón parezca un juez de paz, o “si se me permite” y demostrar que da igual que se le permita o no. Una de esas peores licencias es “espero no pecar de presuntuoso si digo...”, lo que permite gustarse a uno mismo. La peor de todas estas licencias que nadie concede es lanzar una puñada y arreglarlo con un “es broma”.
De modo que, con todos los respetos, si se me permite, salvando las distancias, sin querer compararme con nadie, no es por nada, esperando no pecar de presuntuoso, sabiendo que no soy quién para juzgar y sin meterme en la vida de los demás, no tenía ni idea sobre qué escribir hoy. Es broma.

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