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GENTES DE LEÓN

Matan a una, mueren tres

Esta berciana, a la que el ayuntamiento dedica una calle, fue asesinada con un hijo y embarazada

La historia de una mujer de 22 años que fue vilmente asesinada.

Fulgencio Fernández León
Los ‘colores’ nos pueden hasta límites insospechados. Cuando nos cuentan la historia de una mujer de 22 años que fue vilmente asesinada, con un hijo de tres años, también asesinado, preguntar que quién disparó sobre ella como si en la respuesta pudiera haber una explicación deshumaniza a quien lo pregunta.
Esta mujer, Jerónima Blanco, sube dentro de unos días a ese santoral profano que es el callejero de una ciudad, en este caso León, después de no haber podido llegar al de su tierra, Ponferrada, por esas cuestiones que nada deberían de tener que ver en un caso como el suyo. Su muerte cruel, y la de su hijo, merece una calle y merece el cielo.
Como merecía haber vivido aquel verano del año 1936 cuando apareció muerta junto a su en un camino. Habían sido brutalmente asesinados.
Qué habían hecho Jerónima, ama de casa, y Manuel, su hijo, pues no desvelar el paradero, que seguramente desconocían, de su marido y padre, un antiguo minero que había participado en la revuelta de 1934 y que había sido amnistiado tras el triunfo del Frente Popular.
En aquella orilla, en aquella cuneta, quedaron Jerónima y Fernando. El pasado mes de julio, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica exhumó en Flores del Sil “los restos de una mujer en avanzado estado de gestación, Jerónima Blanco, y de su hijo Fernando, de tres años. Ambos habían sido asesinados por un grupo de pistoleros de Falange el 23 de agosto de 1936”.
La historia es parecida a tantas otras, si no fuera por el niño que Jerónima llevaba en brazos y el hijo que esperaba. Su marido, Isaac Cabo, creyó que su vida corría peligro y decidió escapar de casa antes de que llegara la detención que estaba seguro que llegaría, tanto por su pasado ‘revolucionario’ en el 34 como por su militancia izquierdista y sindicalista. Como tantos huidos, Isaac estaba en los montes, bajaba por las noches cuando podía y pasaba unos minutos con su esposa y su hijo, a los que torturaban para que ellos se lo contaran al huido con la esperanza de que se entregara para acabar con los castigos. “Pero quienes lo persiguieron no pararon de atacar a su familia por no haberlo encontrado a él. Por eso, seguidamente asesinaron al padre de Isaac, Demetrio Cabo; a su madre, Visitación Pérez; a dos de sus hermanos, Demetrio y Vitorino, y a su cuñado Salvador”, según cuentan los familiares que aún viven de esta mujer y que el próximo día 22 acudirán al homenaje que les rendirán en León para inaugurar la calle.
Fue, además, un crimen de esos que se llaman ‘ejemplarizantes’. Durante tres días de agosto de 1936, con un fuerte calor, “los cadáveres de Jerónima y su hijo Fernando permanecieron en una cuneta, a la vista de quienes por allí caminaban sin atreverser a enterrarlos por miedo a correr la misma suerte”.
Claro que de aquel crimen se habló durante mucho tiempo en la comarca. Lo desmedido de la acción causó gran impacto en el Bierzo y se hablaba del crimen por todas partes, pero no es menos cierto que siempre en voz baja, temerosos de que aquella historia aún tuviera secuelas.
Tal vez se pueda entender, pero no se puede entender que más de 70 años después se quieran buscar ‘explicaciones’.

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