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UNA PROVINCIA EN BLANCO Y NEGRO


El viejo antruejo y otros enredabailes

Cada pueblo tiene sus enredabailes y pocas veces se valora lo mucho que hacen por la buena convivencia hasta que el tiempo los convierte en tradiciones, festejos, celebraciones y hasta pura etnografía.

El carnaval, el viejo antruejo y otras fiestas similares también tuvieron sus músicos populares y sus enredabailes, aquellas gentes que contra viento y marea se vestían de fiesta, se travestían en los más insospechados personajes y salían a la calle a decir que estaban hasta las narices de los grises días de silencio y trabajo y que iban a bailar aunque saliera el sol por Antequera. Aunque dijeran Franco y el señor obispo lo que les viniera en gana que cuando uno se ríe de uno mismo no hay juez que encuentre delito.

En algunos pueblos además de la fiesta mantenían la tradición de repetir viejos disfraces, de mantener ciertos personajes, de bailar determinados ritos... y un día se encontraron con que ellos, los a veces denostados enredabailes, habían sido los depositarios y transmisores de un rico legado, de una antiquísima tradición que era uno de los más valiosos tesoros de sus pueblos. Hoy su legado goza de honores y prestigios, reúne gentes y autoridades, los pasean por ferias e instituciones.

Uno de estos pueblos es Llamas de la Ribera, ayer de fiesta mayor y centro de atención de la provincia gracias a las ganas de baile y jarana de estos que en la foto posaban hace muchos años, carnavaleros contra cualquier tempestad y hoy reconocidos padres del arcaico antruejo.


Ful
Fulgencio
Fernández

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