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PATRIMONIO INDUSTRIAL

La comarca de Gordón quiere convertir el castillete del Pozo Ibarra en su ‘torre Eiffel’

13 años después de su cierre, el emblema de todauna cuenca minera será restaurado con fines turísticos

Estado actual del Pozo Ibarra, yacerrado. ARCHIVO

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Manuel C. Cachafeiro León
Es el emblema de más de cien años de historia minera. El castillete del Pozo Ibarra será trasladado desde su actual ubicación, en las inmediaciones de Ciñera, hasta el centro de este pueblo gordonés, gracias a un acuerdo entre el Ayuntamiento de La Pola de Gordón y la Hullera Vasco Leonesa ratificado esta semana por unanimidad en el Pleno municipal. Aunque habían surgido voces que pedían que la vieja estructura de hierro quedara en la zona donde se encontraba el pozo, al final se ha optado por su conservación lejos de allí, ya que el lugar por donde bajaban los mineros a los tajos se encuentra en el perímetro del cielo abierto que la empresa explota entre Ciñera y Santa Lucía de Gordón.
La actividad del Pozo Ibarra duró 66 años, desde 1930 a 1996, cuando la compañía minera reemplazó sus viejos yacimientos por el proyecto de la Nueva Mina.
Para la historia de Gordón quedará ya la imponente estructura de hierro del Pozo Ibarra, que mide 31,5 metros de altura —como diez pisos de un edificio— y pesa 60 toneladas. Su definición, según la propia documentación de La Vasco, merece ser reproducida: “Consta de una torre en forma de paralelepípedo, con cuatro columnas de hierro, dividida en seis tramos que se unen por cartelas de chapa, todas ellas reblonadas y arriostradas con crucetas de ángulo. Hacia el sur y separadas del eje del pozo se elevan dos zancas de apoyo o tornapuntas para compensar la fuerza del tiro de la máquina de extracción. Estas últimas van igualmente arriostradas y roblonadas y se unen a la torre por unas estructuras que parten cada dos tramos del paralelepípedo”.
Al pozo se accedía por dos caminos. Por Ciñera, subiendo por el cementerio, muy cerca del bosque de El Faedo, y por Santa Lucía, por el valle de la Esperanza.
José Andrés González Pedraza realizó hace unos años para la Fundación Hullera Vasco-Leonesa un completo estudio de la documentación de este pozo. En su opinión, es emblemático por varias razones: “Muchos ingenieros tuvieron como primer destino este pozo. También destaca por la preciosa factura de su castillete y por estar situado en la zona de labores más antiguas de la cuenca, datadas desde mediados del siglo XIX (cuando no existían pozo verticales)”.
Aunque fue inaugurado en 1930, el Pozo Ibarra no se acabó de profundizar en los 150 metros proyectados hasta 1929. Enclavado en concesiones que eran entonces de Hulleras de Ciñera antes de su compra por La Vasco, también sufrió los avatares de la guerra civil. En septiembre de 1937, fue escenario de enfrentamientos entre ambos bandos. Hubo muertos y las instalaciones fueron destrozadas e incendiadas. El capataz jefe del grupo perdió la vida y se pusieron explosivos en la base del castillete, en elinterior de la máquina de extracción y en los dos compresores. La inundación superó el nivel de los 100 metros.
La Sociedad Anónima Hullera Vasco Leonesa se fundó en 1893 a partir de la Compañía Amézola y Cía. con un capital social suscrito de 1.375.000 pesetas, dividido en acciones de 500 pesetas. En 1912, Hullera Vasco-Leonesa alcanzaba ya una producción de 100.000 toneladas de carbón. A principios de los años 40, desde León, Emilio del Valle Egocheaga hizo una oferta de compra de las minas, instalaciones y resto de bienes de la Sociedad. De esta manera, Hullera Vasco-Leonesa cambió de dueños. Las familias Valle, Manzanares y Diez, se convirtieron en el núcleo accionarial más importante. Es también una época en Hullera marcada por la modernización de las explotaciones y la explotación conjunta de la cuenca. Mientras, las pequeñas empresas de la zona tienden a desaparecer.
A lo largo de sus 66 años de historia, el Pozo Ibarra fue mejorando su infraestructura. Cuando cerró, un libro patrocinado por La Vasco reprodujo los nombres de todos los trabajadores que bajaron a sus tajos. Antonio del Valle dijo entonces que era “edad de jubilación, pero nunca de olvido”.
Asturias es la región española que más patrimonio industrial conserva por la actividad de la minería, la siderurgia y los ferrocarriles. De todos ellos, destaca el minero. En las cuencas asturianas se conserva el mayor número de castilletes de mina de España, la mayoría propiedad de la empresa pública Hunosa. Desde 2007 , un programa regional fomenta su protección y conservación.
El futuro del patrimonio industrial y minero es convertirse en motor turístico de las cuencas mineras. El camino no es fácil. Un estudio de la Universidad Autónoma de Madrid, de los profesores Valenzuela, Palacios e Hidalgo, sostiene que “una serie de obstáculos arrojan serias dudas sobre la viabilidad de las iniciativas en términos aceptables de generación de empleo y riqueza”. A la dificultad “objetiva” de mantener en buenas condiciones las propias instalaciones mineras se suman otras como “la ausencia de una demanda bien definida y suficientemente numerosa para justificar las grandes inversiones que su adaptación al turismo normalmente exige”. Sin embargo, añade el estudio, para muchas zonas mineras la recuperación de su pasado “es la única opción de mantenimiento de un mínimo de oportunidades de desarrollo para la población local”.
Los antiguos pozos de La Vasco han acabado en un impresionante cielo abierto: Santa Lucía, Competidora... La zona donde se asienta el Pozo Ibarra podrá ser también explotada con grandes máquinas en el futuro.
Ciñera presume ya del mejor bosque de España, el Faedo. Ahora, el castillete más emblemático de la cuenca minera será un aliciente más. Ya hay quien lo llama la Torre Eiffel de Gordón.

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