Aunque ha habido alguna iniciativa, que después no se ha llevado adelante por falta de respaldo económico, León es una provincia que a día de hoy mantiene olvidado un recurso como las aguas termales. Salvo el balneario de Caldas de Luna el resto son imágenes de otra época. Y no son pocos. Hay una veintena, la mayoría olvidados entre zarzas y techos caídos. Como en otros casos, en éste hay que mirar a comunidades vecinas. Cantabria y Galicia han hecho del turismo termal uno de sus activos para poner en valor su medio rural. Quizá los balnearios de León no tengan la calidad de las aguas de Mondariz o Puenteviesgo, pero sí merecen una oportunidad para desarrollar una red de pequeños balnearios, que pueden completar la oferta de zonas o comarcas. Al turismo rural leonés le sigue faltando mucha iniciativa, pese a reconocidas excepciones, y sobre todo imaginación para aprovechar al máximo una provincia llena de atractivos. Las instituciones públicas deberían liderar algún proyecto piloto de este tipo para ver su efecto y estudiar una posible ampliación, contando ya con capital privado. Se ha dicho muchas veces que el turismo es el futuro de muchas comarcas de León. Es así. La iniciativa privada debe verse respaldada por los poderes públicos en la medida que también al turismo rural ha llegado la competencia. En Asturias, en Cantabria o en Galicia, las casas de turismo rural ofertan una completa red de museos. León, en ese sentido, está empezando como quien dice. Al Museo de la Fauna Salvaje se le han unido en los últimos años propuestas como el Museo Etnográfico de Mansilla de las Mulas o el Museo Minero de Sabero. Con los balnearios, con todo, hay que moverse.