La suspensión cautelar de actividad de la cantera de Catisa en Carucedo, situada en el entorno de Las Médulas, pero fuera de los límites del espacio de protección arqueológica del monumento, abre muchos interrogantes sobre la oportunidad de tal decisión y el futuro de las explotaciones mineras o extractivas en zonas de especial protección. Lo que se está litigando en esa demanda iniciada a finales del pasado año por la Fiscalía de Medio Ambiente es el impacto visual que la cantera produce, al ser visible desde el punto más turístico de Las Médulas, que es el Mirador de Orellán. Este impacto es evidente, puesto que está situado en lo más alto del conjunto y la vista alcanza muchos kilómetros a la redonda, pero ante esta apreciación visual hay que tener en cuenta que la cantera está fuera del espacio protegido y que cumple la normativa vigente, aplicable a una explotación que se inició en 1968, antes de que se declarase cualquier tipo de protección al monumento y con un plan de restauración aprobado por la Junta en 2002 que tiene por delante 25 años de ejecución. Por eso resulta sorprendente que ante el problema medioambiental de fondo que deberá resolverse vía contencioso-administrativa, se urja de inmediato la paralización de la explotación, que implicaría llevar al paro de inmediato a cerca de un millar de trabajadores. Precisamente la Junta defiende ahora en Bruselas la continuidad de las explotaciones mineras en compatibilidad con la protección del medio ambiente en zonas altamente sensibles. La sensibilidad judicial y administrativa hacia el paisaje circundante y el impacto visual nunca puede ser inferior al impacto que esta paralización cautelar provocaría en el empleo en el Bierzo, en el contexto de recesión económica que estamos sufriendo.